18 marzo 2017

El fascinus. Pascal Quignard




El fascinus 

Pascal Quignard


El deseo fascina. El fascinus es la palabra romana que significa el falo. Hay una piedra donde está esculpido un fascinus tosco que el escultor ha rodeado con estas palabras: Hic habitat felicitas (Aquí habita la felicidad). Todas las cabezas asustadas de la villa de los Misterios -que hubiera sido más inspirado llamar la villa de lo Fascinante o incluso la cámara fascinante- convergen hacia el fascinus disimulado bajo el velo en su hornacina. 

Como la mentula (el pene) no es en absoluto lo propio de la humanidad, las sociedades humanas evitan exhibir un órgano erecto (fascinum) que recuerda de manera demasiado obvia su origen bestial.

¿Por qué la naturaleza dividió las especies en dos, en -2 millones de años, y las sometió a esa herencia muy antigua cuya función es tan aleatoria como imprevisible, que vuelve siempre incierto el origen de cada uno, que atormenta los cuerpos y obsesiona a las almas? 

Ni las plantas ni los lagartos ni los astros ni las tortugas están sometidos para su reproducción a una relación libidinosa que requiere mucho tiempo y que obliga a sumar a la vez la búsqueda, la selección visual, el cortejo, el acoplamiento, la muerte (o la proximidad de la muerte), la concepción, el embarazo y el parto. 

Los romanos estaban obsesionados por la fascinación, por la invidia, por el mal de ojo, por la suerte, por la jettatura. Todo lo echaban a la suerte: las copas de los banquetes, los coitos, los días fastos, las guerras. Vivían rodeados de prohibiciones, de ritos, de presagios, de sueños, de signos. Los diosas, los muertos, los parientes, los clientes, los libertos, los esclavos, los extranjeros y los enemigos - todos estaban celosos de lo que ellos deseaban, comían, emprendían. Las miradas rodaban sobre toda cosa y sobre todo ser dejando una marca, arrojando una invidia, contaminando cada cosa con su veneno, lanzando una especie de esterilidad y de impotencia. 


Carior est ipsa mentula.
 Falo romano de Hematita.

Marcial escribió: Crede mihi, non est mentula quod digitus (Créeme, no se gobierna ese órgano como a un dedo, Epigramas, VI, 23). Plinio llamaba al fascinus el “médico de la envidia” (invidia). Es el amuleto de Roma. Un hombre (homo) no es un hombre (vir) sino cuando está en erección. La ausencia de vigor (de virtud) era la obsesión. De la concepción romana del amor los modernos han conservado el taedium vitae: el “hastío de la vida” que sigue al placer, la detumescencia del universo simbólico que acompaña la detumescencia fálica, la amargura que nace del abrazo y que nunca distingue el deseo del terror ligado a la impotentia súbita, involuntaria, hechizada, demoníaca. 

La indecencia ritual caracteriza a Roma: es el ludibrium. La complacencia romana en la obscenidad verbal deriva de los poemas fesceninos cantados durante la ceremonia de la priapea (el cortejo de Liber Pater). La priapea consiste en blandir el fascinus gigante contra la invidia universal. 

En el -271, Ptolomeo II Filadelfo, para celebrar el fin de la primera guerra de Siria, encabezó un gran cortejo de carros que exhibían frente a todos las riquezas de la india y de Arabia. Uno de esos carros llevaba un enorme falo de oro de ciento ochenta pies de largo que los griegos llamaban Priapos. El nombre de Priapus suplantó poco a poco en Roma el nombre de Liber Pater. 

Sean cuales fueran las formas de los torneos de obscenidades, las saturae, las declamationes, los sacrificios humanos en la arena, las cacerías simuladas en parques simulados (ludi), el ritual propiamente romano es el ludibrium. Ese rito de sarcasmos priápicos se extiende sobre todo el imperio. Ese juego sarcástico fue lo que Roma le aportó al mundo antiguo. Más allá del castigo, más allá del espectáculo de la muerte enfrentada o de los sacrificios puestos en escena en forma de combates a muerte, la sociedad se venga y se une mediante la ejecución risible. Es el ludus (el “juego” por excelencia, la misma palabra ludus es etrusca) que antes de ser representado en el anfiteatro es imitado en la danza y la grosería fesceninas: es la pompa sarcástica del fascinus incluso en la más mínima parcela del territorio de cada grupo. Todo triunfo contiene su secuencia de humillaciones sádicas que desencadena las risas y que asocia a los que ríen en la unanimidad vindicativa. A la punición prevista por la ley se añade la puesta en escena sarcástica donde la sociedad en masa y como masa unánime -como una lluvia de átomos agregados de repente en Populus Romanus- van a concurrir al espectáculo legislativo participando colectivamente en la venganza de la infracción. 

Un ludibrium inaugura nuestra historia nacional. En septiembre del -52, tras la conquista de Alesia, César hace conducir a Vercingetorix en carro a Roma. Lo encierra durante seis años en un calabozo. En septiembre del -46, César reúne en un haz los cuatro triunfos (sobre Galia, sobre Egipto, sobre el Ponto y sobre el África) que le fueron concedidos. El cortejo parte del Campo de Marte, pasa por el circo Flaminius, atraviesa la Via Sacra y el Forum y desemboca en el templo de Júpiter Optimus Maximus. La imago de César en bronce es llevada sobre un carro tirado por caballos blancos. Setenta y dos lictores preceden a la estatua, con los fasces én la mano. El botín, los tesoros, los trofeos los siguen en largas columnas. Después están las máquinas, los mapas geográficos que ilustran las victorias y pinturas coloridas sobre grandes paneles de madera (los afiches). Uno de esos paneles representa a Catón en el instante de morir. Al término del cortejo, centenares de prisioneros desfilan bajo los sarcasmos populares, entre los cuales se distinguen Vercingetorix cubierto de cadenas, la reina Arsinoe y el hijo del rey Juba. Inmediatamente después de la celebración del cuádruple triunfo, César hace ejecutar a Vercingetorix en la oscuridad de la prisión del Mamertinum. 

Un ludibrium funda la historia cristiana. La escena primitiva del cristianismo - el suplicio servil de la cruz reservado a quien se pretende Dios, la flagellatio, la inscripción Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum, el manto púrpura (veste purpurea), la corona real hecha de espinas (coronam spineam), el cetro de caña, la desnudez infamante- es un ludibrium concebido para hacer reír. Los chinos del siglo XVII que los sacerdotes jesuítas procuraban catequizar lo tomaron de entrada como tal y no comprendían que se pudiera hacer un artículo de fe con una escena cómica. 

Originalmente los versos fesceninos eran sarcasmos lo más groseros posibles y los insultos sexuales alternados que los jóvenes de ambos sexos se dirigían unos a otros. A esos versos (esas réplicas alternadas y danzadas) se agregaban las saturae y las farsas atelanas. Los hombres se disfrazaban de macho cabrío atando delante de sus vientres un fascinum (un consolador, un olisbos). En las Lupercales se disfrazaban de lobos, purificando a todos los que encontraban a su paso flagelándolos. En las Quinquatries se disfrazaban de mujeres. En las Matronalia las matronas se volvían siervas. En las Saturnales los esclavos usaban las ropas de los Patres y los soldados se disfrazaban de prostitutas. Jesús está disfrazado de “rey de las Saturnales” llevado hacia su crux servilis. Antes de que satura significara novela, el recipiente llamado lanx satura quería decir popurrí de las primicias de todos los productos de la tierra. Cuando Petronio compuso bajo el Imperio la primera gran satura, hizo un popurrí de historias obscenas cuyo objeto consistía siempre en despertar la mentula desfalleciente del narrador del relato para volver a transformarla en fascinus.



Pintura erótica en las termas de Pompeya.

Carior est ipsa mentula (Mi pene es más precioso que mi vida). Las vestales eran seis, confiadas al cuidado de la mayor, la Virgo máxima. Cuidaban el objeto talismánico irrevelable y mantenían la llama de la tribu. La que violaba el voto de castidad era enterrada viva en el Campo Infame, cerca de la Puerta Collina, donde las lobas (las prostitutas vestidas con la toga marrón obligatoria que más tarde retomaron los monjes penitentes) daban el 23 de abril sus templo de Júpiter Optimus Maximus. La imago de César en bronce es llevada sobre un carro tirado por caballos blancos. Setenta y dos lictores preceden a la estatua, con los fasces én la mano. El botín, los tesoros, los trofeos los siguen en largas columnas. Después están las máquinas, los mapas geográficos que ilustran las victorias y pinturas coloridas sobre grandes paneles de madera (los afiches). Uno de esos paneles representa a Catón en el instante de morir. Al término del cortejo, centenares de prisioneros desfilan bajo los sarcasmos populares, entre los cuales se distinguen Vercingetorix cubierto de cadenas, la reina Arsinoe y el hijo del rey Juba. Inmediatamente después de la celebración del cuádruple triunfo, César hace ejecutar a Vercingetorix en la oscuridad de la prisión del Mamertinum.

Un ludibrium funda la historia cristiana. La escena primitiva del cristianismo - el suplicio servil de la cruz reservado a quien se pretende Dios, la flagellatio, la inscripción Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum, el manto púrpura (veste purpurea), la corona real hecha de espinas (coronam spineam), el cetro de caña, la desnudez infamante- es un ludibrium concebido para hacer reír. Los chinos del siglo XVII que los sacerdotes jesuítas procuraban catequizar lo tomaron de entrada como tal y no comprendían que se pudiera hacer un artículo de fe con una escena cómica. 

Originalmente los versos fesceninos eran sarcasmos lo más groseros posibles y los insultos sexuales alternados que los jóvenes de ambos sexos se dirigían unos a otros. A esos versos (esas réplicas alternadas y danzadas) se agregaban las saturae y las farsas atelanas. Los hombres se disfrazaban de macho cabrío atando delante de sus vientres un fascinum (un consolador, un olisbos). En las Lupercales se disfrazaban de lobos, purificando a todos los que encontraban a su paso flagelándolos. En las Quinquatries se disfrazaban de mujeres. En las Matronalia las matronas se volvían siervas. En las Saturnales los esclavos usaban las ropas de los Patres y los soldados se disfrazaban de prostitutas. Jesús está disfrazado de “rey de las Saturnales” llevado hacia su crux servilis. Antes de que satura significara novela, el recipiente llamado lanx satura quería decir popurrí de las primicias de todos los productos de la tierra. Cuando Petronio compuso bajo el Imperio la primera gran satura, hizo un popurrí de historias obscenas cuyo objeto consistía siempre en despertar la mentula desfalleciente del narrador del relato para volver a transformarla en fascinus. 

La impotencia (languor) es la obsesión romana y converge con el espanto. En el libro III de los Amores, Ovidio relata un fiasco y describe los terrores supersticiosos que lo rodean: “En vano la tuve entre mis brazos. Estaba inerte (languidus). Yacía como un fardo sobre la cama. Yo sentía deseos. Ella sentía deseos. Pero no pude esgrimir rni sexo (inguinis). Mis riñones estaban muertos. Por más que ella rodeaba mi cuello con sus brazos más blancos que la nieve de Sithonia, deslizaba su lengua dentro de mi boca, provocaba mi lengua. Por más que pasaba su pierna debajo de la mía, me llamaba su dueño (dominum), susurraba todas las palabras que excitan. Mi miembro adormecido, como frotado con la fría cicuta, no me secundó. Yacía inerte, pura apariencia, peso inútil, a medio camino entre el cuerpo de un hombre y una sombra de los infiernos. Ella se fue de mis brazos tan pura como la Vestal que va piadosamente a velar la llama eterna. ¿Acaso un veneno de Tesalia paraliza mis fuerzas? ¿Acaso un hechizo? ¿Son hierbas que me hacen mal? ¿Acaso una maga escribió mi nombre en la cera roja? ¿Hundió una aguja acerada en medio de mi hígado? Si se le lanza un sortilegio, Ceres no es más que una hierba estéril. También las fuentes se secan cuando les hacen una brujería. El encantamiento separa la bellota del roble. El racimo de uvas cae de la vid. Los cantos funestos hacen caer los frutos del árbol antes de que se lo haya sacudido. ¿No podrían también las artes de la magia dormir ese nervio (nervos)? ¿Eso fue lo que me volvió impotente (impatiens)? A todo esto se añadió la vergüenza (pudor). La vergüenza amplificó la flaqueza. ¡Y qué maravillosa mujer tenía sin embargo ante mis ojos! La tocaba tan de cerca como su túnica la roza durante el día. Pero la infortunada no tocaba a un hombre (vir). La vida junto a la virilidad se habían separado de mí. ¿Qué placer les puede provocar a oídos sordos el canto de Phemius? ¿Qué placer puede darles a los ojos muertos de Thamyras un cuadro pintado (picta tabella)? ¿Qué placeres no me había prometido secretamente para esa noche? Había soñado los gestos. Había imaginado las posiciones. Y todo para mi miembro, lamentable, como muerto por anticipado (praemortua), más languideciente que una rosa cortada la ansiedad que absorbe todas sus horas. 

La eyaculación es una pérdida voluptuosa. Y la pérdida de la excitación que resulta de ella es una tristeza puesto que es el agotamiento de lo que brotaba. Sucede que no hay otra civilización que haya experirneníado más esa tristeza que la civilización romana. Es cierto que la pérdida del semen puede mostrarse fecunda pero esa fecundidad nunca puede ser percibida como tal en el instante humillante del encogimiento y la retracción del membum virile fuera de la vulva.  El fascinus desaparece dentro de la vulva y resurge como mentula. La virilidad del hombre se hunde en eí goce zoológico de la misma manera que el cuerpo del hombre desaparece en la muerte. Porque el sí mismo más íntimo del hombre (vir) nunca está en el interior de su cabeza ni en los rasgos de su rostro: el sí mismo está allí donde se dirige la mano masculina cuando el cuerpo se siente amenazado. 


Spintria, las monedas sexuales romanas.


A una religión contagiosa, cada vez más sincrética ya que asociaba a su propio triunfo, a su propia “piedad”, todas las religiones de los pueblos a los que vencía, le corresponde un temor cada vez más maléfico. Los romanos, que estaban atestados de gestos conjuratorios, se atestaron de apotropaion de toda naturaleza para apartar el mal de ojo e incluso para desarmarlo mediante el sarcasmo del ludibrium, para “devolverlo al remitente” como Perseo devolvió con su escudo la mirada de Medusa. Apotropaion designa en griego la efigie que aparta el mal y cuyo carácter terribilis provoca al mismo tiempo la risa y el espanto. El griego apotropaion se dice en latín fascinum. El fascinum (el fascinus artificial) es un baskanion (un preservativo contra el mal de ojo). Plutarco dice que el amuleto itifálico atrae la mirada del fascinador (fascinator) para impedirle que se fije sobre la víctima. De allí el increíble arsenal, nunca exhibido eh los museos, de amuletos, de colgantes obscenos, cintos, collares, gnomos burlescos, todos de forma priápica, en oro, en marfil, en piedra, en bronce que constituyen lo esencial de lo desenterrado en las excavaciones arqueológicas. Los dedos mayores extendidos (digitus impudicus, el puño cerrado excepto el dedo mayor, mesos dactylos, apuntando hacia arriba, era el insulto supremo), los amuletos que representan la fica (asomar la punta del pulgar entre el índice y el mayor), los pies de mesa fálicos, los pies de lámparas, por último los tintinnabulum de bronce o de metal (fascinus a los que se colgaban pequeñas campanillas y que se ataban a la cintura, en los dedos, en las orejas, de las vigas, en los candelabros, en los trípodes). El cuerpo humano no presenta más que una parte singularmente tintineante, el pene del hombre y, en menor grado, el escroto, luego las mamas y las nalgas femeninas cuando están plenas de adiposidad. A ese respecto lo que resulta afectado es la sexualidad humana en las partes que suscitan el deseo, es decir, en las partes que atestiguan el deseo mediante la vacilación. Son esas formas eminentemente signadas por metamorfosis, ubicadas en el límite del cuerpo, amenazando con caerse, las que de hecho son las más protegidas. Las mujeres de la antigua Roma al igual que las de Roma imperial atestiguaron esa obsesión con el vendaje de los senos. El corpiño, que en griego se dice strophion y en latín fascia, está ligado pues al fascinum de los hombres. Bajo el velo de esa tela no cosida se disimulaban unas cintas de cuero de vaca que comprimían las mamas. Raras son las pinturas eróticas que revelan el pecho femenino. Tácito {Anales, XV, 57) muestra a Epicharis, implicada en la conjuración de Pisón, sacándose su fascia para estrangularse con ella. 

“Nuestro barrio rebosa a tal punto de divinidades protectoras que es más fácil encontrar a un dios que a un hombre”, declara de pronto Quartilla en la novela de Petronio. (Se encuentra más frecuentemente en las calles de Roma, de Pompeya o de Nápoles, un fascinus de piedra o de bronce que una mentula de hombre.) En Nápoles, a Anicetus que venía a asesinarla en su cama, Agripina le gritó: “¡Golpea en el vientre!”. “¡Golpea en el vientre!”, es la palabra de Roma. En la novela de Apuleyo, Photis se vuelve hacia Lucius y percibe su sexo erecto que levanta su túnica (inguinum fine lacinia remota). Ella se desnuda, sube encima de él.y, disimulando con su mano rosada su vulva depilada (glabellum femina rosea palmula obumbrans), le grita: Occide moriturus! (¡Mata al que debe morir!). Mario había sido el amo de Roma cuando debió huir escondido en una carreta. Llegó a la costa. Se tira en una barca, agotado de cansancio. Los marinos abandonan los remos y lo dejan solo mientras duerme. Sacado de las marismas de Minturmes, arrojado en prisión, el vencedor de los Cimbros sólo encuentra refugio en las ruinas de Cartago. Un romano le da caza como si no fuera más que un esclavo. Mario recupera el poder y durante seis días hace correr la sangre en las calles de la Ciudad. Ni Octavius ni Merula se salvaron por su dignidad de cónsules. Mario tiene setenta años. El vino lo ha vuelto tembloroso. Muere después de haber ejercido siete días su séptimo consulado. Había usado tan violentamente su mentula en el desenfreno que un guardia, al ver su túnica levantada en la agonía de la muerte, observó que el pedazo de carne que le quedaba no alcanzaba el tamaño de una uña. 

En el -79 Sila abdica su dictadura. Se retira a su casa de Cumas. “El dichoso Sila” (Félix Sylla) muere tras haberse visto atormentado en vida por los versos que habían atacado en primer lugar su mentula. 

Recordamos las palabras de César sobre Bruto: “No me asustan los que aman el desenfreno ni sospecho de los que codician el lujo: le temo a los magros y a los pálidos”. El día de los Idus de Marzo, luego de que Metelo tomara la toga de César con las dos manos y descubriese su espalda, Casca fue el primero en herirlo con su espada. Todos lo hirieron a su vez o juntos y algunos se lastimaron entre ellos deseando herir. Plutarco dice que César murió atravesado por veintitrés estocadas. El golpe de Bruto, su sobrino, fue en la ingle de César, porque su tío había metido su mentula en el sexo de su madre. Cuando César vio a Bruto hundir la espada en su bajo vientre, no opuso más resistencia a los asaltantes. Se cubre el rostro con su toga y se abandona enteramente al hierro y a su fin. 

Afrodita nació de la espuma de un sexo de hombre cortado. O bien es representada surgiendo de una ola - que de todas maneras no es sino la espuma de ese sexo arrojado al mar. Los antiguos griegos decían que lo que el falo evacuaba se parecía a la espuma del mar. Galeno, en el De Semine, describe el esperma como un líquido blanco (dealbalum), espeso (crassum), espumoso (spumosum), animado y cuyo olor es cercano al que esparce el saúco. 
¿De qué coito nace Afrodita? Uranos abraza a Gaia. Emboscado detrás del seno de su madre, Cronos con la hoz curva (harpé) en su mano derecha agarra con su mano izquierda las partes genitales de Uranos, las corta junto con el falo y después tira todo detrás suyo teniendo cuidado de no darse vuelta (Hesíodo, Teogonia, 187). Las gotas de sangre caen sobre la tierra: son las guerras y los conflictos. El sexo por su parte todavía erecto cae en el mar y en seguida Afrodita surge de las olas. 

Si bien las secreciones de las mujeres son más abundantes (la sangre y la leche), parecen menos misteriosas que el “eyaculado” viril, activo, surgiendo del fascinus a la manera de una brusca fuente minúscula. El fondo indígena de la sexualidad romana es espermático. Jacere amorem, jacere umorem. Amar o “eyacular” no se distinguen. Es la jaculatio, la jactantia viril. Es Anquises y Venus y la incapacidad de Anquises para conservar el secreto que le pidió Venus (jactantia). Es lanzar dentro del cuerpo el licor brotado de su cuerpo (jacere umorem in corpas de corpore ductum). Es derramar su semen sometiendo indiferentemente pueri sin vello (llamados “mejillas frescas” o “mejillas de durazno”) o mujeres. Es satisfacer con una piedad obsesiva el crecimiento religioso del deseo que la belleza del otro ha acumulado en todo el cuerpo. 

La naturaleza de las cosas, como la naturaleza del hombre, es un solo e idéntico crecimiento. En griego physis designa ese brotar, ese crecimiento de todos los seres sublunares o celestes. Lucrecio describe en el canto IV del De natura rerum el ascenso, la invasión, el crecimiento del esperma en el cuerpo del hombre, el combate que deriva de ello, la enfermedad (rabies, rabia, dice Lucrecio; pestis, peste, dice Cátulo) que engendra: “Desde que la edad adulta (adultum aetas) fortifica nuestros órganos, el semen fermenta en nosotros. Para hacer brotar el semen humano del cuerpo humano es preciso que lo solicite otro cuerpo humano. Y entonces el semen es expulsado (ejectum) de sus propias moradas. Parte, desciende por todas las partes del cuerpo, miembros, venas, órganos, los abandona y se concentra en las partes genitales del cuerpo (partis genitales corporis). En seguida irrita (tument) el sexo. Lo hincha de esperma. Nace entonces el deseo de la eyaculación (voluntas ejicere), de lanzarlo hacia el cuerpo al que nos lleva un terrible deseo (dira cupido). 

Morpho es el sobrenombre de la Venus de Esparta. Para los lacedemonios Afrodita es la morphé (en latín forma, la belleza) que se opone a lo masculino, a la divinidad fálica fascinante, al dios amorphos (o incluso kakomorphos, o también asemos, en latín deformis). Aristóteles define así al sexo masculino (De las partes de los animales, 689, a): “lo que aumenta y disminuye de volumen”. Metamorphósis es el deseo masculino. Physis en griego significa tanto la naturaleza como el phallos. 

De augere deriva auctor lo mismo que Augustas. El nacimiento del Imperio coincide con ese epíteto que expresa ya el destino al cual va a estar sujeta la sexualidad imperial. El 16 de enero del -27, Octavio se convierte en Augusto y el mes sextilis se convierte en agosto. Augustus, aumentador, tal es la función estatutaria imperial. Queremos que vuelva la primavera, que crezcan las cosechas, que abunde la caza, que los niños salgan del vientre de las madres, que los penes se alcen como fascinus y entren al lugar de donde aquellos salen para que los mismos niños vuelvan de nuevo. Caelius decía que había cuatro etapas en las enfermedades: el ataque (initium), el acceso (augmentum), la favorable (1, 3, 4,6 de una sola vez). 

Tres siglos más tarde, hacia el 160, las Metamorfosis de Apuleyo termina con un himno a la divinidad lunar que gobierna la generación de los hombres y la formación de los sueños, de los demonios y de las sombras. Lucius .acaba de despertarse en la playa de Cenchrées con un miedo repentino (pavore subito). Abre los ojos: ve el disco lleno de la luna emergiendo de las olas del mar Egeo. El héroe corre hacia el mar y hunde siete veces su cabeza en las aguas. Entonces se atreve a invocar a la reina del cielo (regina caeli) bajo todos sus nombres: Venus, Ceres, Hebe, Proserpina, Diana, Juno, Hécate, Rhamnusia... y vuelve a dormirse en la costa de Cenchrées. 

La reina de la noche, bajo la forma, de Isis, se le aparece en sueños. Está coronada con un espejo, envuelta en un inmenso manto negro - un inmenso manto de una negritud tan oscura que resplandece (palla nigerrima splendescens atro nitore). Isis le responde a Lucius: “Soy la naturaleza, madre de las cosas, señora de todos los elementos, origen y principio de los siglos, divinidad suprema, reina de los Manes, primera entre los habitantes del cielo, arquetipo de los dioses y las diosas. Yo gobierno las bóvedas luminosas del cielo, las brisas saludables del mar, los silencios desolados de los infiernos”. Fue así que el daimon de la luna o más bien la diosa de los demonios, la única diosa que influye en el mundo sublunar, el “hígado melancólico del mundo” de Lamprias, la demonio guardiana de los dioses, defensora de la sangre de las mujeres y de la reproducción, protectora de los Genius de los hombres y de los Manes de los padres, sustituyó súbitamente a la Venus de Lucrecio, de César, de Augusto, que había fundado el linaje de la ciudad romana desde Anquises, que había legitimado la genealogía imperial, que había autorizado la divinización de los primeros emperadores. Isis expulsa a Venus. Al devorar el imperio toda la superficie del mundo conocido, la religión integró las escenas mitológicas de las religiones de las diferentes provincias para reformular sin cesar la misma escena: Isis buscando en la tierra el falo de Osiris que ella misma ha cortado. Attis castrándose a sí mismo para Cibeles. 






















Tomado de:
QUIGNARD, Pascal (2005): El sexo y el espanto. Bs. As. El cuenco de plata. pp. 38-51

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