15 julio 2015

El Centauro inverosímil de Casi un objeto de Saramago



El Centauro inverosímil de Casi un objeto
 de José Saramago

Andrés Pociña López


La colección de relatos titulada Objecto Quase fue publicada en 1978 Es, por tanto, anterior a Levantado do Chao, la novela que consagró a Saramago, el cual comenzó su carrera literaria como poeta, en una línea clásica, con predominio del decasílabo y con temas amorosos y una meditación y sabiduría muy lúcidas. Desde sus 58 años de edad, con la publicación de Levantado do Chao, se dedica por entero a la literatura. Esta novela, con la que alcanzó el Premio Cidade de Lisboa, marca su madurez como escritor, aparte de un antes y un después en el desarrollo de su creación literaria. Antes de ella sólo había publicado poesía y una temprana novela, Terra do Pecado (1947) que más tarde será olvidada por completo, incluso por su autor. Su colección de cuentos Objecto Quase pertenece a un momento anterior al de su madurez como autor de prosa de ficción. 

Toda la colectánea Objecto Quase está escrita en un estilo decididamente perteneciente a la estética del realismo mágico. Es, sin embargo, el cuento Centauro, a nuestro parecer, precisamente el más representativo de este estilo literario. Aparece en él toda una concepción personalísima del mundo, dominada por una serie de líneas maestras, como la importancia del sueño y los mitos literarios, o la búsqueda incesante para recuperar la época mítica, en que todo era posible y en que vivían las especies de animales más prodigiosas que se nos muestran en los bestiarios medievales: unicornios, hombres lobo. Pero iremos viendo todos estos temas y alguno más a lo largo de este estudio. 

Ante todo, es necesario advertir que los centauros, en los tiempos antiguos de los mitos, eran seres normales, cotidianos, para la mentalidad mitológica, que Saramago comparte en este cuento. Sin embargo, un centauro fuera del tiempo de los mitos, que le sobreviviese a éste, que siguiese viviendo hoy, sería un ser inverosímil, nadie creería que pudiese existir, todos le escaparían. Su vida sería imposible. Es ése justamente el problema que nos va a plantear Saramago en su cuento. Su centauro es muy antiguo, procede de la época mítica, de hecho participó en la famosa guerra contra los lápitas, pero ha sobrevivido hasta nuestros días: "Era o último sobrevivente da grande e antiga espécie dos homens-cavalos. Estivera na grande guerra contra os Lápitas, sua primeira e dos seus grande derrota". 

Vencidos los hombres-caballos por los lápitas, todos se refugiaron en una montaña, hasta que "com a parcial proteccao dos deuses, Héracles dizimara os seus ismilos, e ele só escapara porque a demorada bataíha de Héracles e Nesso he dera tempo para se refugiar na floresta". Se acabó en aquellos días la especie de los centauros, pero el protagonista del cuento de Saramago continúa vivo. Sin embargo, ya no vive "en su mundo". Podemos decir que el centauro vive a sus anchas, "en su salsa", que tiene sentido y verosimilitud hasta el fin de los tiempos míticos: "Durante muito tempo, enquanto o mundo se conservou também ele misterioso, pode andar a luz do Sol. Quando passava, as pessoas vinham ao caminho e lancavam-lhe flores entrancadas por cima do seu lombo de cavalo, ou faziam com elas coroas que ele punha na cabeca.

Este tiempo de los mitos es aquél que llama Mircea Eliade "el tiempo primordial, el tiempo fabuloso de los comienzo". Los aborígenes australianos conocen esta época como la alcheringa, que significa "el tiempo de los sueños", lo cual ya entroncaría con el tema de los sueños, importante en nuestra labor exegética del cuento saramaguiano. Pero todavía es temprano para abordar ese tema. Bástenos recordar que, según Eliade, la vuelta de los tiempos míticos a nuestro tiempo, la reintegración del tiempo cósmico de la creación y de la infancia del mundo, de los seres sobrenaturales, es el deseo más fuerte de las sociedades arcaicas, de las sociedades "pre-racionalistas"

Tenemos una visión preciosa, por parte de Saramago, sobre los tiempos míticos, en nuestro cuento, solo que situando al lector ya en la crisis de esa época, en el límite temporal con el nuevo orden, el histórico. Al llegar éste, se acaban todos los mitos y los seres sobrenaturales 
que antes pululaban por la tierra: 

"foi o caso do unicórnio, das quimeras, dos lobisomens, dos homens de pés de cabra, daquelas formigas que eram maiores que raposas, embora mais pequenas que caes. Durante dez geracoes humanas, este povo disperso viveu reunido em regioes desertas"


Casi un objeto (1978)
 de José Saramago


Todos estos seres se transforman, se convierten en animales normales, asimilándose a ellos, pasando así desapercibidos. El centauro no tiene en qué transformarse, fundamentalmente por su carácter de personaje híbrido, y sigue como está, pero obligado a esconderse todo el resto de su vida. Tendrá que aceptar su destino, hasta llegar de nuevo a su país: cuando la frontera de éste (país que fue de su nacimiento y será de su muerte) aparezca, se dará cuenta de que el mundo ya no es igual, y no puede volver nunca, que su propio país ha cambiado y nunca será el mismo, porque Zeus ha emigrado al sur. Pero no adelantemos acontecimientos y volvamos a la época en que hacen su entrada triunfal los nuevos tiempos históricos. A partir de ahora, el animal-hombre tendrá que caminar siempre de noche, aprovechando los días para, oculto de las vistas de la humanidad "real", dormir y soñar.

Es en este punto, ante este nuevo orden de las cosas, que aparece el sueño, el soñar como necesidad, como contrapunto ideal a la cruda realidad. El sueño sirve para devolvemos, momentáneamente, al illud tempus, y también para que, inmersos en él, podamos saldar viejas cuentas, llevar a cabo lo que el destino nos prohibió. El centauro sueña todos los días con su victoria sobre Hércules: "Todos os dias, em sonho, lutava com Héracles e vencia-o". Es el sueño que se va repitiendo a lo largo de millares de años, todos los días lo mismo: el centauro hacía que el brutal Hércules pagase con creces la muerte de Neso, amigo suyo y, sobre todo, defensor de su causa y de la causa de todos los centauros. En el sueño se reintegran los tiempos míticos y se logra lo que no se logró en la vida real: el centauro abraza mortalmente a su víctima y le quiebra las costillas, y "Héracles, morto, escorregava para o chao como um trapo e os deuses aplaudiam". El sueño es una realización de los ideales, y es también una necesidad. La vida de nuestro protagonista, de hecho, se reduce a caminar, dormir y beber, pues se nos dice que "Comer, nao precisava". Camina porque tiene patas; duerme porque tiene sueño, pero, sin embargo, se nos afirma que "o sono só era necessário para que pudesse sonhar". El sueño es una necesidad vital, más fuerte que el comer, que el beber, única razón para tener que dormir. Tan necesario como caminar, como viajar, lo cual está muy relacionado, como más tarde hemos de ver: sueño y viaje son las necesidades más fundamentales. Y, sin embargo, los tiempos del sueño han pasado: "Zeus afastou-se para o Sul".

Cuando el centauro, casi al final de su viaje, regrese a su tierra, a donde nació y donde morirá, suliirá una calamidad inusitada, que se percibirá como mal augurio: por una noche, dejará de soñar. "Sentia a angústia de nao ter sonhado. Pela primeira vez em milhares de anos, nao sonhara. Abandonara-o o sonho na hora em que regressara a tema onde nascera? Porque? Que presságio? Que oráculo diria?" 

Pero retrocedamos un poco, a un momento en que este ser, todavía, sueña su sueño eterno durante el día. Hay un momento clave, en que el ser inverosímil que lleva años vagando de noche por el mundo se atreve a andar de día, comete el enorme atrevimiento, casi diríamos la hybris, de vivir en el mundo real su propio sueño, la tentación de hacer compatible su vida con la vida del mundo, de irrumpir, así como es, ser irreal e imposible, en el mundo de los vivos, de los seres con historia. Es la tentación de vencer al fatum, de hacer válido su deseo y real su sueño:

"Avaqará por ali até onde he for possível, mesmo sendo dia, mesmo com o sol cobrindo toda a planície e denunciando tudo, homem ou cavalo"

Sin embargo, no hubiera estado de más que se hubiese fijado en los negros presagios que lo acompañan cuando decide presentarse al mundo, a la luz del día, incluso a pesar de que esa noche haya vuelto a soñar con su victoria cotidiana (pues los sueños, desde que uno se acostumbra a ellos, son también algo cotidiano). Porque Zeus decide retirarse al sur. Es entonces cuando el hombre-caballo llega al mar.

"Uma vez mais vencera Héracles no sonho, diante de todos os deuses imortais, mas acabado o combate, Zeus retirara-se para o sul, e foi depois que desfilaram as montanhas e do ponto mais alto delas, onde havia urnas colunas brancas, viam-se as ilhas e a espuma em redor. Está perto a fronteira e Zeus afastou-se para o Sul" 

¿Quién podrá, pues, acompañarlo, quién protegerlo, quién apiadarse de él, si los dioses de aquéllos tiempos se han ido, si incluso Zeus no está? Y los dioses lo han abandonado, como en la tragedia griega, por su hybris, consistente en atreverse a vivir plenamente en un mundo que no es el suyo; como en la tragedia griega, este atrevimiento llegará a costarle la vida. Sin embargo, ahora, él es libre, no tiene a nadie que lo vigile, que le ordene nada, no hay dioses, es él el único dueño de sí mismo. Trata entonces de despertar, de renacer a la vida, de demostrar que está vivo, que puede volver a nacer, resucitar, resucitar su cuerpo y los tiempos del sueño a los que pertenece ... ¡No se da cuenta de que eso es ya imposible, que su sueño es una quimera! Al principio, duda; después, se atreve a salir a la vida, a caminar de día, y siente de nuevo las delicias de la naturaleza, los olores de las flores, los paisajes inundados de luz:

"O homem hesita. Há muitos anos que nilo ousa caminhar a descoberto, sem a protecqilo da noite. Mas hoje sente-se tilo excitado como o cavalo. Avanqa pelo terreno coberto de mato donde se desprendem cheiros fortes de flores bravas" 

Aquí, sin embargo, comienza a aparecer lo que será el meollo de la tragedia, pues ya hemos adelantado que se trata de un cuento trágico. Esta tragedia radica, precisamente, en la propia salida del centauro al mundo, su re-nacimiento, que desencadenará su muerte. Poco tiempo va a tener el hombre-caballo para poder vivir su libertad, su despertar a la vida. El tiempo histórico y la falta de dioses hacen, conjuntamente, que no pueda tener protección. Y llega, poco después, el momento que hemos adelantado ya, en que pasa un día sin tener sueños. ¿La causa? Ahora vive, e intenta vivir de acuerdo con sus fantasías. Acaba, al mismo tiempo, de llegar a su tierra. Vuelve a dormir, por una vez, de día, y no sueña. Vuelve a salir de noche. Ahora se da cuenta de una cosa: el viaje, el pequeño trayecto que ha realizado en el día en que ha caminado a la luz del sol, sin ocultarse, se le presenta como un sueño: sueño y viaje pasan a ser casi lo mismo.

"E foi assim que chegou ao vale, como se a viagem fizesse parte do sonho que nao tivera enquanto dormira" 

El viaje, el camino, aparte de acabar formando parte de su imaginación o, incluso, identificándose con ella, es la otra gran actividad del centauro. Éste termina solo, sin compañía de nadie, sin que ninguno de los antiguos habitantes del mundo pueda apoyarlo o consolarlo, porque el tiempo de los mitos ha pasado. Sabe que podrá siempre volver a su tierra, que es como un objetivo último (y aún no sabe que será el lugar de su muerte), una especie de Ítaca (pero no en el sentido homérico, sino en el de Kavafis), un Santo Grial (el Grial es, nótese, el mismo mito que la Ítaca de Kavafis), es la espuela que aguijonea su lomo de caballo para que viaje, sólo que aquí con un sentido más trágico que en Kavafis o en la epopeya artúrica, pues es el viaje, el camino, lo que le conserva justamente la vida. 

"Durante milhares de anos, até onde o mar consentiu, percorreu toda a terra possível. Mas em todos os seus itinerários passava de largo sempre que pressentia as fronteiras do seu primeiro país" 

"Milhares de anos tinham de ser milhares de aventuras", pero hay una que es como el resumen de todas, que se le queda grabada para siempre en la memoria, que vale por todas, porque es la aventura, y ello porque es el espacio y el tiempo en que el centauro se integra plenamente en el mundo que le pertenece, en el único mundo donde su existencia puede cobrar sentido: en el mundo de la Literatura. El centauro se va a encontrar con don Quijote de la Mancha. Tenemos un pequeño aviso de que hay algo de "quijotesco" en el texto, antes de que se nos narre esta incidente: se nos dice, en efecto, que, cuando Hércules exterminó la raza de los centauros de la faz de la Tierra, éste nuestro "se refugiara em montanhas de cujo nome já se esquecera". Caminando, ya en nuestro milenio, por unos llanos áridos, ve a un hombre embestir con una lanza a unos molinos de viento, quedando malparado y siendo ayudado por un tipo bajo que va montado en un burro. Lo primero que piensa es ir a ayudarlo. Pero lo medita más detenidamente, y se da cuenta de que lo mejor es vengar al caballero destruyendo los malvados molinos.

Tomando aquí el papel que le asigna Cervantes a Quijote, y recordando al más famoso de los Hecatonquires (que nuestro protagonista conoció, se supone, mejor que don Quijote), 'ha sua língua natal, gritou: 'Mesmo que tivésseis mais bracos do que o gigante Briareu, a mim haveríeis de o pagar". Sin embargo, al contrario del hidalgo y al contrario de la tónica general de su vida de perdedor, pero al igual que en sus sueños, el centauro, esta vez, triunfa. Cumple el papel del fracasado caballero, pero triunfando. Vence a la Literatura, vence a su destino, hace realidad el sueño. "Todos os moinhos ficaram com as asas despedacadas e o centauro foi perseguido até ti fronteira de um outro país"

Pero, después de haber visto este momento de gloria, nos toca ahora ver la parte dolorosa, la parte que constituye la tragedia. Y ésta procede en última instancia de la duplicidad, del carácter híbrido del monstruo, mitad caballo, mitad hombre. Cuando ambas mitades se encuentran en armonía, se complementan la una a la otra, crean un ser perfecto. Es esa idea, del centauro como ser armónico y perfecto, la que inspiró el difícil y ambicioso poema de Rubén Darío, titulado, precisamente, "Coloquio de los Centauros", perteneciente a su colección de poemas llamada, curiosamente, Prosas Profanas. Es verdad que el tema central del "Coloquio de los Centauros" poco o nada tiene que ver con el Centauro de Saramago, pues se trata, en el caso de Darío, de un conjunto de reflexiones sobre temas metafisicos, como el amor, la muerte o el panteísmo, colocadas en la boca de centauros que conversan en un marco idílico. Nos interesa, sin embargo, esa visión ideal y armónica del centauro "pues en su cuerpo corre también la esencia humana, unida a la corriente de la savia divina y a la salvaje sangre que hay en la bestia equina", en un marco bucólico y ameno, tan diferente del que describe Saramago " el ixionida pasa veloz por la montaña, rompiendo con el pecho de la maleza hurafía los erizados brazos, las cárceles hostiles; escuchan sus orejas los ecos más sutiles.

En Saramago, sin embargo, el centauro, precisamente por su calidad de ser desterrado de su tiempo propio, no es un ser armonioso, sino que sus dos partes diferentes están en perpetuo conflicto, en lucha. El único momento en que hay una perfecta conciliación de ambas, conformando un ser único y en paz, es precisamente, como sería de esperar, el del sueño: "Nunca sonhava como sonha um homem. Também nunca sonhava como sonharia um cavalo. Nas horas em que estavam acordados, as ocasioes de paz ou simples concilia@o nao eram muitas. Mas o sonho de um e o sonho do outro faziam o sonho do centauro"


Centaur carrying off a nymph (1892)
by Laurent Marqueste 


Pero, como decimos, lo más sobresaliente de este animal en la historia que aquí se nos presenta es el conflicto entre las dos naturalezas que deben convivir en el mismo ser. Este conflicto será motivo de su gran frustración y de su tragedia. Por ejemplo, "encontrar posigilo para dormir que a ambos conviesse, era sempre uma operagiio dificil" Justo para dormir, justo para poder soñar, para poder hallar la paz armónica, las dificultades se multiplican. Haciendo uso de lo mejor de la técnica del realismo mágico, Saramago plantea como real el problema que supondría dormir para un ser así, la incomodidad de hallar postura adecuada que convenga al hombre y al caballo, pues la mayor parte de las posturas favorecen a uno y no al otro. Pero esto no es lo peor. Desaparecidas del mundo todas las hembras de centauro, no quedan para el pobre protagonista del cuento más seres que puedan ser amados que las mujeres y las yeguas, y cada una presenta para él sus inconvenientes. 

Ya desde los tiempos míticos, pero desaparecida ya su raza, empiezan los problemas. Y lo que podría ser sólo una incomodidad, por incompatibilidad de ambas naturalezas, se convierte en fuente de terrible dolor: 

"Em certas épocas, levavam uma égua ao centauro e retiravam-se para o interior das casas: mas um dia, alguém que por esse sacrilégio veio a cegar, viu que o centauro cobria a égua como um cavalo e que depois chorava como um homem. Dessas unioes nunca houve fruto" 

La gran tragedia comenzará cuando el monstruo comience a caminar siempre de día, mostrándose a los ojos de los hombres, como lo que es, una reliquia del pasado, de un mundo perdido, podría decir Lovecraft; un auténtico monstruo, que pasa sembrando el terror, destruyendo el orden establecido. Por eso, los hombres lo persiguen; debe huir. Llega entonces a una frontera, a un límite, que él puede pasar sin más, porque no conoce fronteras ni límites, pero que no podrán pasar los hombres que lo persiguen, porque sería una invasión, y queda así a salvo de sus armas. Pero cae en una trampa: al pasar la frontera ha vuelto a su tierra: "Estava salvo, sob a chuva que desabava em torrente e abria regos rápidos entre as pedras, sobre esta terra onde nascera"

Y es en la tierra donde nació y donde habrá de morir, donde encontrará una mujer de la que se enamorará, viéndola salir de un baño en el río, completamente desnuda; caerá sobre ella y la raptará. Y es el hombre el que se enamora, no el caballo ni el conjunto del centauro. 

Porque, además, es el hombre el único que la puede ver: "E foi o homem que olhou, que viu a mulher aproximar-se da roupa, foi ele que rompeu por entre os ramos, correu para ela no seu trote de cavalo e depois, ao mesmo tempo que ela gsitava, a levantou nos braqos" 

El monstruo se la lleva, la abraza y le habla "na sua velha língua, na língua dos bosques, dos favos de mel, das colunas brancas, do mar sonoro, do riso sobre as montanhas" 

En fin, el amor será correspondido. Más que eso: la mujer certifica, a pesar de la inverosimilitud de este centauro en este mundo, a pesar de su vida en un tiempo y en un espacio que no son los propios de su especie, a pesar de ser una bestia que sólo puede vivir en los sueños, certifica su existencia. El centauro existe: no sabemos cómo ni por qué, pero existe. 

"Tu és um centauro. Tu existes" - dice la mujer 

Ella ha quedado enamorada del centauro, le pide que le haga el amor. Pero él se da cuenta de la imposibilidad de toda relación, se aparta y huye, en medio de su tremenda frustración.

"Durante um momento, a sombra do cavalo cobriu a mulher. Nada mais. Entiio o centauro afastou-se para o lado e laqou-se a galope, enquanto o homem gritava, cerrando os punhos, na direcqiio do céu e da lua".

La mujer se queda llorando. El centauro debe huir de nuevos hombres que quieren perseguirlo, porque él es un ser mitológico de una especie que ya no existe, y, sin embargo, igual que en tantas aventuras de la ciencia-ficción, ha sido descubierto vivo. Quieren cazarlo con vida, no desean matarlo, y lo llegan a perseguir incluso con helicópteros. Terminan acorralándolo y, cuando la bestia no tiene escapatoria, resbala y cae por un precipicio hacia la muerte.

Como hemos visto, el hecho que marca la existencia de este ser es el conflicto entre el hombre y el caballo, la imposibilidad de conciliación entre ambos. Una posible separación del hombre por un lado, y del caballo por otro, la "liberación" de la parte humana, de la mitad de hombre que, por ello se convertiría en hombre entero, significarían el nacimiento del hombre plenamente libre, de un hombre como los demás del mundo, como los demás de los tiempos históricos. Sin embargo, lo que tal separación, en calidad también de escisión significa, en realidad, es la muerte. Por eso es tan simbólica la muerte del centauro: al caer por el precipicio, es escindido por una roca afilada y es así como muere:

"o grande corpo resvalou, caiu no vazio. Vinte metros abaixo, urna lamina a de pedra, inclinada no hgulo necessário, polida por milhares de anos de frio e de calor, de sol e de chuva, de vento e neve desbastando, cortou, degolou o corpo do centauro naquele preciso sítio em que o tronco do homem se mudava em tronco de cavalo"

Y, precisamente cuando muere, vuelven los dioses, aunque ya sólo los va a recibir él, ya no van a regir la Tierra entera: 

"Entao olhou o seu corpo. O sangue corria. Metade de um homem. Um homem. E viu que os deuses se aproximavam. Era tempo de morrer"

La vida del centauro era imposible en nuestro mundo actual. Su país era el de los tiempos míticos o el de los sueños, que ambos son lo mismo, al menos para los aborígenes australianos (la Alcheringa). Desaparecidos este tiempo y este espacio, el centauro no tiene razón de ser, es un centauro inverosímil, imposible. 

Su tiempo, el tiempo de los mitos, sólo puede ser reintegrado por la Literatura (es lo que hace Saramago). Por la Literatura (la venganza sobre los molinos de viento que han humillado a ese héroe literario que es Don Quijote), por el sueño (la victoria sobre Hércules), por el viaje, en el sentido de viaje como búsqueda es lo que la vida de este ser híbrido toma sentido. Sentido pleno sólo lo podría tener, su vida, in illo tempore. Por ello ha de vivir de noche, y su tragedia le sobreviene por atreverse a vivir de día, o sea, a vivir en absoluto, a renacer, a hacer realidad el sueño. Un ser que es dos seres a la vez no tiene sentido, debe escindirse, por tanto, morir, desaparecer, porque ya no vive en su mundo, porque "está perto a fonteira e Zeus afastouse para o Sul".





Tomado de: 
POCIÑA LÓPEZ, Andrés: "El mundo clásico en la obra de Saramago: El Centauro inverosimil de Objecto Quase" Universidad de Granada.

No hay comentarios.: