18 septiembre 2026

Identidades: demarcación de diferencias. Joost Smiers

 




Identidades: 
demarcación de diferencias

Joost Smiers


¿Por qué es importante recuperar espacios para el desarrollo de identidades culturales fuertes compartidas por personas que habitan en un lugar determinado, o que están vinculadas entre sí de alguna otra manera? ¿Por qué habría que restaurar ese espacio en el que conviven personas con gustos diferentes que no se toleran del todo? En un mundo en el que la tendencia es que todo se parezca, en que los textos se copian y la música es menos diferenciada que antes, esos interrogantes no son fáciles de responder. ¿Tenemos que ser nostálgicos? No. Entonces, ¿qué?.


Hasta el magnate Rupert Murdoch cree que la idea de un mundo homogéneo sin espacio para las culturas locales no es la mejor. ¿Por qué piensa así? Porque, según él, «habrá menos diferencias». Y las diferencias dan lugar a productos que Murdoch puede distribuir. Los pocos Murdoch de este mundo tienen más para ofrecer que únicamente más de lo mismo, porque el mercado también pide diferencias. En términos generales, la mayor parte de la gente está de acuerdo con Murdoch en que la diversidad no tendría que perderse. Y también en términos generales, la mayoría de los expertos está de acuerdo en que el mundo todavía no ha alcanzado una homogeneidad cultural, situación a la que probablemente no se llegue nunca.


Abram de Swaan considera que, desde una perspectiva local, hay una tendencia al aumento de la variedad cultural pero que, al comparar distintos contextos locales, la diversidad está volviéndose cada vez más parecida. «La globalización lleva a la heterogeneidad y a la homogeneidad general». Aun asi, habría que contextualizar ese interesante concepto. En muchos países pobres, la población carece de los medios económicos para aprovechar las diversas ofertas de las industrias culturales globales. Entonces, por ejemplo, la «única» música disponible es la del mercado local. Podríamos preguntarnos por qué es un problema que ésa sea la «única» opción. Hay una tendencia creciente a considerar que la diversidad cultural es un bien valioso, pero cuando la diversidad se equipara con enormes cantidades de distintas formas de arte y entretenimiento surgen los malentendidos, porque la conceptualización proviene del lado de los proveedores. ¿Las opciones culturales en oferta tienen la variedad necesaria para satisfacer distintos gustos? Y, desde el punto de vista comercial, ¿alcanza a despertar tal entusiasmo como para que estimule a comprar, a leer, a mirar o a escuchar?


Hay otra conceptualización posible de la diversidad en la que se hace hincapié en la diferencia cultural. Lo que está en juego no es solamente si los bienes y valores artísticos son variados en lo estético, sino si eso ayuda a individuos, grupos y colectivos a construir identidades culturales estables que pueden presentar diferencias sustanciales con las identidades que otros piensan que les pertenecen .


Veamos el caso de los funerales. El sonido «apropiado» para un funeral varía enormemente. El tema es quién debería elegir la música para el momento, si el responsable de la funeraria o la familia del muerto, que es la que sabe cuál es la música más adecuada para él según su cultura. ¿El ritual es el de la familia o el que la funeraria tiene en oferta? 


En este sentido, una identidad cultural desarrollada comprende el sentimiento profundo de que ciertas expresiones artísticas contribuyen a nuestra forma de ser y, al mismo tiempo, que otras expresiones nos molestan, no nos pertenecen o nos hacen sentir incómodo . En esos procesos, las elecciones siempre están influidas hasta cierto punto por fuerzas externas. ¿Quién decide el tipo de música, las imágenes teatrales, las fantasías literarias y las estructuras fílmicas o visuales que forman parte de nuestra identidad cultural? Está claro que no hay nada ideal en e! proceso de toma de decisiones, pues siempre ha habido toda una gama de influencias que contribuyen a construir los gustos de las personas. Si no era e! rey, era la Iglesia, o un trovador, y ellos también estaban influidos por otras personas y otras fuerzas, y así sucesivamente. El advenimiento de la democracia fue un reflejo del deseo de construir identidades culturales -y políticas-, de tener una menor dependencia de las autoridades y otras fuentes externas. Las expresiones artísticas deberían tener mayor correspondencia con lo que la gente considera bello, placentero o valioso.


La opción democrática trae consigo diferencias reales en la apreciación que en parte son personales, pero en gran medida están vinculadas con e! clima social y cultural reinante. Si la vida social y cultural es floreciente, la opción será provechosa. ¿Pero qué ocurre si las fuerzas comerciales tienen mucha influencia en los complejos procesos en los que las personas construyen su identidad cultural y toman decisiones artísticas? La manipulación completa es imposible: siempre hay modos de expresar las preferencias.


No obstante, hay algo que está desapareciendo: e! proceso activo de comprometerse con la cultura, es decir, la construcción de una identidad cultural por parte de los miembros de la comunidad; es la curiosidad por lo que hacen los artistas; e! rechazo de lo que es inhumano, banal o muy simple; la aceptación de la duda sobre qué es de verdad valioso; el reconocimiento de que esos procesos, por definición, no conducirán a que los individuos o los grupos saquen conclusiones idénticas; asumir e! desafío de convivir con esas diferencias porque el arte no es, de ninguna manera, un campo apacible. 


Peter Manuel subraya que las canciones que se interpretan en las películas indias tienden a promover un sentido de identidad amorfo, homogéneo y desarraigado en lugar de una afirmación de los valores de la comunidad local y de las culturas regionales: «Es impaetante el contraste entre el rango limitado de temas a los que aluden las canciones de esas películas y la riqueza de los motivos que presentan las canciones folclóricas. Además de usar dialectos regionales, las letras de las canciones folclóricas hablan de usos y costumbres, nombres y acontecimientos sociopolíticos locales».


En cuanto a la reducción del alcance cultural cubierto por la industria cinematográfica, la ecóloga india Vandana Shiva comenta que «la intolerancia a la diversidad es la mayor amenaza a la paz en nuestros días. Cultivar la diversidad es, en mi opinión, la contribución más significativa a la paz: la paz con la naturaleza y entre los pueblos». Shiva habla de «cultivar» «porque tiene que ser un acto consciente y creativo> tanto en e! plano intelectual como en la práctica». Los que tienen objetivos comerciales llegan, casi por definición, a un punto ciego cuando se trata de temas complejos como el cultivo de la diversidad. Su especialidad es conocer el poder adquisitivo de los distintos públicos y son expertos en todo lo referente a la provisión de bienes y valores culturales. Esta especialidad no constituye una gran contribución al desarrollo continuo de la vida cultural fundamentalmente democrática. No se trata de que e! público sea e! artista. Sin embargo, en este contexto «democrático» se refiere a un clima cultural en e! que se desarrollan distintas formas artísticas, se elige lo que se corresponde con las necesidades y los deseos profundos de obtener placer y se habla sobre los impulsos que despiertan los artistas al exponer su obra.


Marta Savigliano ofrece una definición de la verdadera cultura popular usando e! caso del tango: 

La identidad es la demarcación de diferencias mediante luchas para establecer para qué «pueblo» y en nombre de qué «cultura» se realizan las prácticas culturales. El tango,en tanto cultura popular, es el campo de batalla/pista de baile y el arma/paso de baile en el que y por el cual la identidad argentina se redefine de continuo. Quiénes son los bailarines de tango, dónde bailan, qué estilo de tango representan y frente a qué tipo de público lo hacen son temas que tienen que ver con el género, la raza, la etnia y el imperialismo, con frecuencia en términos de sexualidad, y siempre en términos de poder. 


La identidad argentina es, entonces, plural, y las identidades son las demarcaciones de las diferencias. 


Rustom Bharucha no está muy de acuerdo con la desordenada mezcla cultural que se observa en la India. Según él, dentro de las fronteras de cada Estado, hay culturas con diferencias muy marcadas que se ponen de manifiesto en las distintas lenguas, gestos, tipos de representaciones y tradiciones épicas, y que no están «deformadas» ni son arcaicas sino que están vivas en su contexto particular. Entonces, asegura Bharucha, «lo que necesitamos en la India es tener más conciencia de nuestras afinidades intraculturales. Sólo mediante e! respeto a las especificidades de nuestras culturas "regionales" podremos comprender cuánto tenemos en común». 


En opinión de Peter Manue!, ha ocurrido lo contrario. Manuel afirma que muchas veces se ha dicho que la industria del cine de Bornbay ha servido para promover en el vasto y diverso público indio el hindi-urdu como lengua franca, gustos cinematográficos y musicales comunes y quizá hasta una visión del mundo compartida. «En efecto, podría decirse que el gusto por el cine hindi y la música que se interpreta en esas películas es quizás el único valor que cuenta con un consenso amplio entre los habitantes del norte de la India, dados la debilidad del sentimiento nacionalista, la diversidad de las culturas regionales y religiosas tradicionales y la violencia creciente de los antagonismos». Y agrega: «un consenso que legitima un orden social desigual, sin embargo, no es un bien verdadero. El cine comercial indio (y la industria del entretenimiento capitalista en general) ha sido acusado de promover el consenso principalmente desviando la atención del público con productos cuyo denominador común es el escapismo y embotando las facultades críticas y creativas».


Cuando hablamos de climas culturales como los de los ejemplos mencionados por Marta Savigliano, Rustom Bharucha y Peter Manuel, ¿nos referimos a situaciones locales o nacionales que se desarrollan en territorios delimitados por fronteras? No necesariamente. En primer lugar, debemos reconocer que una de las características de la democracia es que existen climas y ámbitos culturales completamente distintos. Además, la gente que vive en distintas partes del mundo puede sentirse cercana a determinados artistas o movimientos artísticos y, por esa razón, compartir intereses con otras personas a las que les gustan los mismos artistas o tendencias. Muchas personas son miembros de varias comunidades, algunas de las cuales no tienen delimitaciones geográfica.


Uno de los aspectos a que debe hacer frente la sociedad moderna es que nuestra identidad cultural se ha nutrido de más expresiones artísticas que nunca, algo que puede traducirse en enriquecimiento o sobrecarga. ¿Es posible otorgar el reconocimiento que merece a una obra de arte que expresa esa complejidad? La gran cantidad de estímulos culturales que, al menos en los países ricos, invaden nuestros sentidos a diario no facilita la apreciación o comprensión de una obra de arte de ese tipo. Después de todo, el lector, el espectador o el oyente es el que permite dar a luz a las obras por segunda vez, yeso requiere que se les preste atención y no que se las devore como si se tratase de comida rápida. El público debe dedicarles tiempo y esfuerzo. 


Hablar de la necesidad de diversidad cultural es hablar de un tema atravesado por contradicciones y dificultades, aunque la idea de convivencia de culturas pueda parecer tan democrática y atractiva. Muchas veces el arte es un campo de batalla donde disputan valores conflictivos y a veces irreconciliables. Ellen Shohat y Robert Stam advierten que un multiculturalismo policéntrico, que podría ser un sueño agradable, «no puede ser simplemente "agradable", como una comida al aire libre a la que se invita a algunas personas de color. Un multiculturalismo verdadero debe reconocer las realidades existenciales del dolor, la ira y el resentimiento, pues las culturas múltiples aludidas en la palabra "multiculturalismo" no han convivido históricamente en relaciones de igualdad y respeto mutuo». Los autores concluyen diciendo que «el multiculturalismo debe reconocer las diferencias, incluso las diferencias amargas e irreconciliables ».


Claro está que ese tema apremiante no figura en la agenda de las industrias culturales, que dejan de lado todo lo que incomoda: olvidémoslo y dediquémonos a entretener. Sin embargo, nuestro tema de debate es que la globalización provoca grandes discrepancias entre ricos y pobres, que a su vez llevan a guerras y olas migratorias. Muchas personas sienten que los aspectos más sagrados de su vida están bajo amenaza y reaccionan en consecuencia. La olla a presión del neoliberalismo promueve el egoísmo en quienes no quieren contarse entre los fracasados. En un mundo conectado más que nunca por las exigencias de la comunicación electrónica, el comercio, los viajes, los conflictos ambientales y regionales que se extienden a velocidades inusuales, la reafirmación de la identidad no es una simple cuestión de ceremonias.

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Hibridación ubicua: ¿por qué?


Algunos especialistas sostienen que la diversidad es una característica típica del arte, y le dan el nombre de hibridación. Según ellos, ninguna cultura es una entidad herméticamente cerrada ni está restringida a una única localización; por lo tanto, el arte de todos los lugares del mundo se une, se fusiona y se mezcla. Entonces, qué hay de novedoso en el fenómeno? El imperialismo ha consolidado la mezcla de culturas e identidades a escala mundial. Si nos remontamos al pasado encontraremos muchos entrecruzamientos y fusiones artísticas. La diferencia sería que la multiplicidad de influencias que se observan en la actualidad es fuente de un cambio cualitativo. 


En este sentido, se nos dice que nuestra existencia puede explicarse por el mestizaje, una red de tiempos y espacios, memorias e imaginaciones. Todas las culturas fluyen constantemente. Nos llegan imágenes, sonidos y textos de todas partes del mundo. Hasta la historia se fragmenta en un conjunto de formaciones discontinuas. Nuestra percepción de la realidad se ha desenfocado. Hoy en día no es lo más normal que escuchemos una pieza musical de principio a fin. Vivimos en círculos policéntricos de identidad que se superponen. La pureza de la forma y el contenido es un no concepto; todas las formas culturales son híbridas en esencia. En 1991, en el Centro Pompidou de París se montó una exposición llamada Capitales européennes du nouveau designo. En la entrada había un texto que decía que una de las características del nuevo diseño era «ser la expresión de una cultura híbrida con "equilibrios contradictorios", donde todo puede ser lo opuesto de todo».


El proceso en el que los géneros se desdibujan, sostiene Mike Featherstone, implica una postura pluralista frente a la variabilidad del gusto. «Hay menos interés en construir un estilo coherente que en jugar con los estilos conocidos y expandirlos». Dicho autor observa que se desdibujan los límites entre el arte y la vida cotidiana y que aparece una promiscuidad estilística que favorece el eclecticismo y la mezcla de códigos. La parodia, el pastiche, la ironía, la picardía y la celebración de la superficialidad de la cultura están a la orden del día. La noción de originalidad de la producción artística está en decadencia; en cambio, se extiende la idea de que el arte no es más que una repetición, fenómenos que podrían definirse como posmodernos.


Pero si nos remontamos unos años atrás, también veremos numerosos entrecruzamientos culturales. La música que llegaba a través de radios extranjeras, combinada con tradiciones locales, parece haber sido el catalizador para el desarrollo del blue beat, el ska y el reggae. La música popular de Indonesia comprende un conjunto de formas modernas dinámicas, desde híbridos de rock aculturados y occidentalizados hasta géneros autóctonos puros por su origen y estilo. En Tailandia, los siameses tienen una capacidad asombrosa para asimilar y sintetizar elementos foráneos, sean indios, chinos u occidentales, mediante formas de expresión propias.


La música rebetika griega ha sido desarrollada por una clase empobrecida, sin derechos políticos y socialmente marginada cuya creatividad no provenía de las convenciones acotadas de la clase media. La  música tradicional del campo le era extraña, no así las nuevas formas de expresión cultural. El músico senegalés Youssou N'Dour fue «descubierto» por el músico occidental Peter Gabriel. Algunos critican a N'Dour por la superficialidad y el carácter comercial de su música. Él se defiende diciendo que «en Dakar escuchamos distintas clases de música. Estamos abiertos a muchos sonidos. Cuando la gente dice que mi música es demasiado occidental, debería recordar que nosotros también escuchamos esa música. Escuchamos música africana y moderna». 


Jan Nederveen Pieterse se pregunta cómo podemos entender fenómenos tales como el de las mujeres marroquíes que practican boxeo tailandés en Ámsterdam  y Leo Ching presenta la cuestión de cómo se puede definir el origen de un vestido creado por un diseñador japonés que vive en Francia y confeccionado en Hong Kong. En Tanzania los artistas makonde han descubierto que los occidentales apreciaban las referencias espirituales de su arte. Algunos han exagerado ese costado místico y han inventado historias extravagantes para complacer a sus clientes. El estilo expresivo del arte makonde se asemeja a los clásicos modernos como Picasso, Braque, Moore y Giacometti, yeso le ha abierto el mercado de los compradores occidentales. 


En un principio, Néstor García Canclini condenaba la influencia que tenían los gustos de los turistas y los consumidores urbanos en la artesanía. Sin embargo, durante un viaje al pueblo de tejedores de Teolitán del Valle, entró en una tienda en la que un hombre de unos cincuenta años y su padre estaban viendo la televisión y hablando en zapoteca. 


Cuando les pregunté acerca de las imágenes de Picasso, Klee y Miró colgadas en las paredes, el artesano me dijo que había comenzado a hacer telares con esos diseños en 1968 por sugerencia de un grupo de turistas que trabajaban en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Luego tomó un álbum con recortes de periódicos que contenían reseñas y análisis en inglés de sus exposiciones en California. Durante la media hora en que conversé con él, yo noté que pasaba del zapoteca al español y al inglés con facilidad y hablaba tanto sobre arte y artesanía, como sobre su cultura étnica y la cultura de masas, sobre su propia artesanía y la crítica cosmopolita. Tuve que admitir que mi preocupación por la pérdida de la tradición no coincidía con la visión de ese hombre que se movía con comodidad a través de tres sistemas culturales distintos.


Quizás ese tipo de cosas ocurra a menudo. Y a veces, los resultados estéticos de todas esas combinaciones pueden ser interesantes. No obstante, la concepción y la práctica de la hibridación no dejan de ser problemáticas. Tendríamos que poder distinguir las fuentes de esas hibridaciones tal como se presentan. La más simple es que los artistas viajan, se inspiran en lo que ven y oyen en otros lugares y, en alguna medida, lo incorporan a su trabajo. En este caso, deberíamos reconocer que los artistas de los países occidentales tienen más dinero y, como consecuencia, más oportunidades de viajar. Cuando los artistas de países más pobres van a otros lugares, normalmente visitan países más ricos cuyas instituciones financian el viaje y seleccionan a quién van a invitar. 


No es común que artistas de Vietnam, por ejemplo, tengan la oportunidad de ir a Chile o a Zimbabue, mientras que la mayoría de los artistas occidentales pueden elegir dónde ir a buscar inspiración. Para otros Occidente es la referencia clave, como es el caso de Youssou N'Dour. También hemos visto que los artistas de países no occidentales que son vistos como prioritarios por los mercados internacionales deben cumplir con estándares impuestos por las industrias culturales. Esos estándares se originan en decisiones tomadas por los ejecutivos de los grupos culturales respecto a qué agradará al público consumidor de Occidente.


La hibridación, sin embargo, puede recurrir a fuentes más dolorosas, como el desplazamiento y la dispersión. Muchos artistas de África, Asia, América Latina, el mundo árabe y la ex Unión Soviética no cuentan con mercados reales en su propio país. Muchos de ellos sólo pueden trabajar cuando van a Europa o Estados Unidos, pero así sus países sufren una pérdida. Su aportación a la vida cultural de los países ricos puede ser muy valiosa y enriquecer la calidad de la producción artística local, pero para sus sociedades de origen su ausencia representa una mutilación. Debemos pensar en los trabajadores inmigrantes de todos esos países, que al irse se llevan toda una paleta de culturas, que no siempre gozan de reconocimiento en los sitios donde se establecen. También debemos considerar la gran cantidad de artistas refugiados que dejan atrás escritorios, estudios, teatros y trabajos inconclusos; la comunicación con su público y sus lectores se corta por obra de las amenazas, el espionaje, la prisión, la tortura y el asesinato. "Por lo tanto, la hibridación nos remite al análisis de los términos en que ocurre la mezcla como una recodificación de las relaciones de poder". ¿Cuál es la fuente de la combinación de culturas diferentes y quiénes toman las decisiones? ¿Cuál es el precio que pagan los artistas y su cultura? ¿Qué tipo de dolor y angustia trae aparejados y quiénes son los que sufren? 


Los autores de The Empire Writes Back. Theory and Practice in Post-Colonial Literatures proponen que, en el contexto del racismo, el neocolonialismo y los ciudadanos que se van de su lugar por circunstancias económicas, culturales o políticas, "la percepción válida y activa de uno mismo puede haberse erosionado por la dislocación que es inherente a la emigración, la experiencia de la esclavitud, el traslado o el trabajo "voluntario" para otra persona. O quizá haya sido destruida por la denigración cultural, la opresión consciente e inconsciente de la personalidad y la cultura indígenas por parte de un modelo racial o cultural supuestamente superior».


Cuando se habla de hibridación, existe el peligro de no tomar en cuenta su contexto histórico. Elizabeth Fox-Genovese afirma que «las elites blancas masculinas de Occidente proclamaron la muerte del sujeto en el momento preciso en que probablemente tuvieran que compartir su estatus con mujeres y pueblos de otras razas y clases que comenzaban a enfrentarse a su supremacía". Cuando nada es seguro, cuando todo puede desaparecer, cuando las creencias más profundas no son más que un accidente de la historia, cuando no se respeta ni se protege ningún valor, y cuando toda obra de arte sólo es un suceso efímero que puede reemplazarse por otro, entonces el individuo en tanto sujeto es el que pierde. ¿Qué le queda a una persona para aferrarse a la vida, para desarrollar su autoestima y para proclamar sus propios valores como ser humano? Ya no hay un yo presente para sentir eso.


En el Festival de Aviñón de 1996, un grupo de teatro llamado Champ d'expériences cavó un laberinto de pasajes subterráneos por los cuales el público caminaba y veía una serie de representaciones, imágenes y textos diversos. Uno de los textos decía: "Reflexionemos sobre la razón por la que la palabra alienación ha desaparecido del vocabulario cotidiano y ha dado lugar al término virtual. En esa trampa desaparecemos todos, y nuestra existencia es la que se vuelve virtual". 


¿Cuál es la relevancia de esos comentarios en el campo de la creación, la producción, la distribución y la promoción artística? Las obras de arte, sean cuales sean, son una guía para la vida. Y esa afirmación no es exagerada, La música, las imágenes y los textos que nos agradan contribuyen al desarrollo de la identidad personal y colectiva. Crean un campo emocional en el que las personas se sienten a gusto, al tiempo que abren la posibilidad de comunicación con el resto del mundo, como si uno dijera: esto es lo que me caracteriza y esto otro, en cambio, no es santo de mi devoción. El arte crea oportunidades para compartir, pero también traza líneas divisorias entre las distintas áreas de la vida. Cuando la importancia de cualquier forma de arte se invalida y se vuelve efímera, los seres humanos pierden algo esencial: un pilar sobre el que construir su vida emocional.


En todo este capítulo hemos tratado, básicamente, del concepto de deslocalización en contraposición con la noción democrática de que la gente tiene derecho a comunicarse. El arte entraña importantes modos de interacción y expresión humana que no deberían ser organizados únicamente desde lugares remotos con propósitos puramente comerciales. El hecho de que el trabajo de muchos artistas aún forme parte de su entorno local o regional es un signo de salud. Aun así, en muchos lugares la infraestructura en la que se realizan la creación, la producción, la distribución, la promoción y la recepción del arte (incluidas todas las formas de entretenimiento y diseño) ha ido a parar a manos de los grupos culturales. Esa situación trae consecuencias de peso para el entorno cultural en el que las personas viven, crían a sus hijos, se enfrentan a sus problemas, se divierten y mueren.


Además, las variadas formas del arte tradicional cambian considerablemente bajo un conjunto de presiones e influencias: el impacto económico y social de las medidas de ajuste estructural implementadas en muchos países, el aumento de la pobreza, el turismo y otras formas de modernización. Las culturas locales se debilitan con el hecho de que un canal primario de comunicación de significados comunes está convirtiéndose en una especie de entretenimiento masivo empaquetado, que si bien puede conservar la forma del medio artístico tradicional, pierde la esencia y el contexto que hacen que, por ejemplo, la música sea una forma poderosa de expresar emociones, como explica Jeremy Rifkin. También nos hemos referido al concepto de hibridación como algo que puede ser contraproducente para el desarrollo de una vida artística local variada y estimulante.












Tomado de

SMIERS, Joost (2006): Un mundo sin copyright, Artes y medios en la globalización. Barcelona, Gedisa, pp. 168-179.


09 agosto 2026

La mentira del feminismo. Juan R. González Álvarez

 




La mentira del feminismo 


Juan R. González Álvarez




El lenguaje inclusivo.


Algunas de las mentiras más toscas del feminismo actual están directamente relacionadas con la naturaleza del lenguaje. De hecho el lenguaje inclusivo también refleja las hipocresías y contradicciones que lo caracterizan. Los ideólogos y activistas de este movimiento promueven el uso de un neolenguaje que diluya los géneros de las palabras. La idea básica es que el uso de un término de género masculino como «médicos» para referirse al colectivo de personas con titulación en medicina, independientemente de si son hembras o varones, les parece ofensivo, así que proponen referirse a este colectivo como «médicos y médicas».


Aparte de confundir el género de las palabras con el sexo de las personas, su propuesta genera una innecesaria verbosidad en el lenguaje, como podemos comprobar en el artículo 41 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela


«Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad, podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora General de la República, Fiscal o Fiscala General de la República, Defensor o Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la Nación, finanzas, energía y minas, educación; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de los Estados y Municipios fronterizos y aquellos contemplados en la ley orgánica de la Fuerza Armada Nacional. Para ejercer los cargos de diputado o diputada a la Asamblea Nacional, Ministro o Ministra, Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de Estados y Municipios no fronterizos, los venezolanos y venezolanas por naturalización deben tener domicilio con residencia ininterrumpida en Venezuela no menor de quince años y cumplir los requisitos de aptitud previstos en la ley».


Encontraremos una verbosidad similar en el resto de artículos, con interminable menciones a «hijos o hijas», «padres o madres», «extranjeros o extranjeras», «ciudadanos y ciudadanas», «funcionarios y funcionarias», «abogado o abogada», «juez o jueza», etcétera. La lectura de la Constitución entera podría considerarse una suerte de evolución de aquellas torturas mentales que los republicanos utilizaba en las checas de la Guerra Civil Española para conducir a los reos al delirio. Este intento de neutralizar los géneros utilizando la combinación de masculino y femenino ha llevado a que ciertas diputadas y ministras españolas inventen palabras absurdas como «miembras», «frailas», «jóvenas», o «portavozas» para construir expresiones hilarantes tales como «jóvenes y jóvenas», «miembros y miembras», «portavoces y portavozas» o «Yo he sido cocinera antes que fraila» .


Esta confusión entre género y sexo conlleva dilemas técnicos acerca de cuando usar un término u otro. Por ejemplo, ¿deberíamos usar el término «miembros» para referirnos a los brazos de una persona y «miembras» para referirnos a las piernas, aun cuando las extremidades del cuerpo no tienen sexo? El lenguaje inclusivo no solo introduce dificultades de índole académica, sino que ya ha generado problemas prácticos que no existían antes. Así ha sucedido con una empresa que decidió no pagar a sus trabajadoras porque el convenio laboral que habían firmado decía «trabajadores» , en vez de «trabajadores y trabajadoras» .


La insistencia moderna en afirmar que el masculino genérico invisibiliza a la mujer ha traído esta lamentable consecuencia económica para todas las trabajadoras de dicha empresa. Algunas feministas modernas van un paso más allá y fomentan la eliminación de los géneros mediante palabras supuestamente neutras que ellas han inventado. La genial idea consiste en reemplazar las «as» y las «os» con «es»; en vez del clásico «nosotros» o «nosotros y nosotras» ellas dicen «nosotres». Aparte de que no se nos consultó al resto de la población si queríamos usar otras vocales para formar los supuestos neutros, ¿«nosotris»? ¿«nosotrus»? la idea de usar la vocal «e» se antoja absurda en sí misma, puesto que muchas palabras de género masculino ya la incluyen como sucede con padre s, fraile s, o juece s; lo cual obligaría a estas terroristas del lenguaje a recurrir a los verbosos «padres y madres» , «jueces y juezas», y al hilarante «frailes y frailas» en tales casos.


Pero la medalla de oro en las olimpiadas de lo absurdo se la llevan los miembros del partido Unidas Podemos por idear la palabra «matria». El término para describir la tierra natal o adoptiva a la que un individuo se siente ligado ya tiene género femenino, «la patria», y de hecho en todas las lenguas que conozco la tierra es femenina; pero a estos medallistas de lo absurdo les pareció que esta palabra derivada del Latín antiguo «patrius», a su vez derivada del «patres» significando «los antepasados», no era lo suficientemente femenina, por lo cual decidieron reemplazarla por ese sinsentido neomarxista de «la matria».


Sobre todo esto han opinado académicas, escritoras y mujeres destacadas del mundo de la cultura. Académicas como Soledad Puértolas o Carme Riera, escritoras como Carmen Posadas y Julia Navarro, la exdirectora de la Biblioteca Nacional, Milagros del Corral, han sido muy críticas y lo han tildado de «despropósito», de «iniciativas grotescas» y de «hacer el ridículo». Milagros del Corral incluso ha recomendado a la diputada Irene Montero que vuelva «a Primaria para aprender al  menos a hablar y a escribir correctamente». Lo que realmente nos interesa del lenguaje inclusivo es que refleja claramente que el feminismo actual no busca la igualdad y por eso he dedicado el primer capítulo a este tema. Empecemos por analizar el propio término «feminismo», cuya etimología proviene del latín femina que significa «mujer» o «hembra». Nunca he escuchado a los feministas denunciar que los términos «feminismo» y «feminista» no tienen una connotación neutra y que, por tanto, deberían ser eliminados del vocabulario.


Alguien podría argumentar que al realizar una excepción con ese par de términos se enfatiza la lucha de las mujeres por la igualdad, pero es un argumento tramposo que no soporta un análisis más detallado de la verdadera naturaleza del lenguaje inclusivo. Consideremos el término «policía» , el cual se usa para denotar a todo el colectivo sean mujeres o hombres. No conozco a ningún policía varón que se sienta ofendido por este término, pero lo más importante es que nunca he escuchado a una ministra o diputada feminista referirse a este colectivo como «policíos y policías» , ni tampoco como «policíes». ¿Por qué inventar «fraila» y «miembra» pero no inventar «policío»? ¿Por qué han inventado «nosotres» y «todes» pero se han olvidado de inventar «policíes» ?
 

Las mismas periodistas, diputadas, ministras e ideólogas que ingenian ridículas expresiones como «miembros y miembras», «jóvenes y jóvenas», o «portavoces y portavozas» no han desarrollado expresiones similares tales como «policíos y policías», «taxistos y taxistas» o «dentistos y dentistas», jamás lo han hecho. Las mismas que inventan términos como «altas cargas.» para referirse a mujeres que ocupan altos cargos ministeriales o «soldada» para una mujer soldado, nunca han propuesto «pianistos» para referirse a los hombres que tocan el piano ni « economisto » para un economista varón.


«Policíos», «taxistos», «dentistos», «pianistos» o «economistos» son tan solo algunos ejemplos que reflejan la hipocresía subyacente al lenguaje inclusivo. Podríamos añadir docenas de términos similares que las feministas modernas jamás han propuesto ni tampoco usado: 


• «electricistos»., «centinelos», y «recepcionistos».
• «masajistos», «internautos», «tenistos», y «atletos» .  
• «logopedos», «violonchelistos», y «trompetistos» .
• «astronautos», «poetos», «demócratos», y «artistos»
• «pediatros», «guardios de seguridad», y «publicistos».
• «golfistos», «turistos», «arreglistos» , y «funambulistos».
• «proyectistos», «contratistos», y «paisajistos».
• «cineastos», «loteros» , «taxidermistos» , y «trompetistos» .
• «maquinistos», «oculistos», y «anestesistos»,


y un largo etcétera, junto con sus vertientes con la «e», igualmente absurdas. Sigo esperando que alguien, algún día, empiece a utilizar un «imbéciles e imbécilas» para referirse a toda la estupidez, con «e», que azota a las sociedades modernas. Y mucho me temo que más de uno padecerá severas jaquecas cuando descubra que el término «inclusivo» es masculino.


No es éste un simple pasatiempo de letras y palabras, ni unos juegos olímpicos donde se compite para alcanzar el mayor nivel de estupidez. El lenguaje inclusivo refleja que el feminismo actual no busca la igualdad. Por un lado pretenden convencernos de que el uso tradicional de palabras como «médicos» «jóvenes», y «portavoces» para referirse a los colectivos es inadecuado porque supuestamente oprime e invisibiliza a la mujer; por otro lado ignoran el uso de términos como «poetas», «dentistas» , y «policías» para referirse también a los varones; estos términos deben ignorarse porque desmantelan completamente el discurso victimista sobre el lenguaje tradicional. Recordemos, como mencionamos en la Introducción, que el feminismo actual recurre a viejos trucos marxistas como la colectivización y victimización; así pues el lenguaje inclusivo no  puede producir nuevos términos como «internautos», «pediatros», y «turistos» porque este movimiento necesita poder seguir pretendiendo que todas las mujeres son víctimas del lenguaje y que todos los hombres tienen privilegios.


Y mientras podemos reírnos de los «palabros» absurdos inventados al cobijo de esta tercera o cuarta ola, lo cierto es que el feminismo actual ya ha generado una discriminación hembrista en la sociedad puesto que los hombres ya no tienen los mismos derechos que las mujeres, como comprobaremos en los siguientes capítulos. 



La ley de violencia de género.


La Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género o LIVG (también conocida como VioGen) es una de las leyes más inútiles e injustas en España. Es una ley inútil porque no ha solucionado, ni siquiera reducido, el problema de la violencia hacia las mujeres y es injusta porque discrimina según el sexo de las personas involucradas.


Se trata de una ley preparada en las cocinas del feminismo actual y aprobada en el año 2004 a pesar de los múltiples informes negativos, previos a su aprobación, realizados por el Consejo General del Poder Judicial, el Consejo de Estado y la Fiscalía General del Estado. Cuando contabilizamos las muertes de mujeres a manos de sus parejas o exparejas hasta justo antes de aprobarse la LIVG y calculamos el promedio, obtenemos una cifra de cincuenta y ocho muertes cada año. Si calculamos el promedio después de aprobarse esta ley obtenemos un valor de cincuenta y nueve mujeres muertas anualmente (cómputo realizado desde el año 2005 al 2018).


En lo que llevamos de año ya han sido asesinadas por sus parejas o exparejas más mujeres que en todo el año anterior, según el balance de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, actualizado a 22 de octubre. Otros crímenes están en investigación. Todo parece indicar que este año finalizará con un número de mujeres asesinadas similar al promedio estadístico.


La conclusión es que seguimos igual después de los catorce años que esta ley lleva en vigor, pero en cierto modo era de esperar; al feminismo actual no le interesa en absoluto acabar con este problema porque, si se solucionase mañana, ¿de qué iban a vivir todas esas activistas subvencionadas de tertulia televisiva? ¿Cómo se sostendría toda la burocracia que se ha generado alrededor de los chiringuitos de género con miles de millones de euros en inversiones y subvenciones?


No tengo la solución mágica al problema de la violencia sobre las mujeres, pero coincido con la asociación feminista Clara Campoamor en que un endurecimiento de las penas de cárcel serviría para reducir significativamente el número de casos. Curiosamente es el feminismo actual el que más se moviliza contra la aplicación de prisión permanente revisable tanto a violadores como a asesinos, permitiéndoles estar en libertad sin las garantías suficientes que certifiquen que están rehabilitados, y poniendo en riesgo a niñas, niños y mujeres. La jurista feminista Laia Serra arremete contra la prisión permanente revisable, describiéndola como «populismo punitivo» que deshumaniza al delincuente e «impide cualquier empatía con el mismo». La impostura alcanza tal nivel que feministas como Cristina Almeida argumentan que «las mujeres no necesitan venganza sino protección». ¿Qué mejor protección que mantener a un depredador sexual encerrado?.


La LIVG discrimina porque solo se concentra en un tipo de violencia e ignora los demás casos. Lo establece bien claro esta ley en su preámbulo, es una legislación dirigida a esa violencia que debido a «la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia» . Ningún otro tipo de violencia está contemplada en la LIVG; ni la violencia de mujeres sobre hombres, ni de hombres sobre hombres, ni de mujeres sobre mujeres; tampoco se contempla la violencia ejercida sobre niños o ancianos.


Existen vídeos de demostración donde un hombre maltratado por su novia llama al teléfono de violencia de género, el 016, para solicitar información, y otros donde es una mujer la que llama para solicitar ayuda para un hermano que está siendo maltratado por la cuñada y, en ambos casos, lasoperadoras amablemente les explican que no pueden atenderles en el 016 puesto que las víctimas son varones. Así pues las operadoras del teléfono de violencia de género derivan a las víctimas a un número más general, una línea 900 que atiende solo de lunes a viernes de nueve de la mañana a dos de la tarde.


Lo mismo le sucedió a esa mujer lesbiana (esta vez no era una demostración sino un caso real) que después de cuatro años de sufrir maltratos llamó al 016 para denunciar las agresiones de su pareja y le respondieron desde el otro extremo del teléfono de «ayuda» con un escueto «no podemos ayudarle porque solo tratamos casos de violencia machista. Llame a la Policía Nacional» . Sus problemas no acabaron ahí. Recién divorciada y con un hijo pide ahora medidas de protección para ella y su pequeño, pero no reciben la condición de víctimas de género porque el maltrato se ha producido dentro de una relación homosexual. ¿Qué clase de movimiento feminista es aquel que ignora incluso a una parte del colectivo femenino?


La excusa que ofrecen para no considerar todos los casos de violencia dentro de la LIVG es que el número de casos donde un hombre ejerce violencia sobre una mujer supera con creces al número de casos en los cuales una mujer maltrata a un hombre, un hombre maltrata a un hombre, o una mujer maltrata a otra mujer. Si consideramos víctimas adultas, estoy de acuerdo con la estadística; no tanto cuando consideramos otras víctimas porque los datos indican que la mayoría de maltratos y asesinatos de niños no son cometidos por varones: tres de cada cuatro menores son asesinados por mujeres.


Así que deberíamos preguntarnos, ¿por qué existe una ley especial que considera los asesinatos de mujeres adultas pero ignora los asesinatos de menores? ¿Por qué casi todas los semanas los medios de comunicación se hacen eco de algún nuevo caso de violencia machista pero eluden completamente la inmensa mayoría de casos de violencia hembrista?


La respuesta a todas estas cuestiones es evidente: el feminismo actual no puede admitir que las mujeres también pueden ser asesinas y maltratadoras. Toda esta ideología de género se basa en la falsa premisa, en esa mentira repetida mil veces, de que solamente la mujer puede ser víctima mientras el hombre siempre es el agresor. Recordemos lo que dijimos en la Introducción acerca de cómo el feminismo actual es una suerte de neomarxismo donde las mujeres son la clase oprimida, donde son los nuevos proletarios. La posibilidad de que una mujer pueda agredir o asesinar a hombres adultos, a ancianos o a niños, o incluso a otras mujeres, se rechaza dogmáticamente. En 2008, el juez José Hoya, dictó sentencia condenatoria por violencia de género a una mujer que había maltratado a su esposa. La sentencia fue aplaudida por múltiples asociaciones de homosexuales, pero duramente criticada por colectivos feministas. 


Hasta tal punto llegó la presión social e institucional feminista que la Audiencia de Cantabria obligó a rectificar al juez con el argumento de que los malos tratos de una mujer a otra no podían ser calificados como « violencia de género » a la hora de dictar condena, aunque la víctima fuese su esposa o pareja, porque el Código Penal reserva esa modalidad exclusivamente para la violencia ejercida por un hombre sobre una mujer. Tristemente observamos el trato marginal que están recibiendo las mujeres lesbianas que sufren violencia por parte de sus compañeras o ex compañeras sentimentales. Estas víctimas se quedan sin los derechos y ayudas que reciben las víctimas de violencia de género. ¿No es cierto que los golpes le duelen igual a una mujer homosexual que a una mujer heterosexual? ¿Acaso no sufren psicológicamente lo mismo? Y todavía las ideólogas y activistas detrás del feminismo actual pretenden estar luchando por la igualdad.


Descubrimos en el segundo capítulo que un 92,3 % de los fallecimientos en el trabajo tenían como víctima a un varón. ¿Se imaginan lo que sucedería si existiese un teléfono de urgencias sanitarias que solamente atendiese los accidentes laborales de hombres por el mero hecho de ser éste el caso mayoritario? Podemos comenzar imaginando la siguiente conversación: 


—061, buenos días, ¿cual es su urgencia?
—¡Mi compañera acaba de caerse de un andamio! ¡No se mueve! ¡Necesitamos una ambulancia!
—Perdone, ¿la persona que se ha caído es una mujer?
—Si.
—En este teléfono solo atendemos los accidentes de trabajadores varones. Tendrá usted que llamar a otro número, gracias.


De la misma forma que sería absurdo que el teléfono de emergencias médicas, el 061, ignorase los accidentes laborales de trabajadoras, alegando que representan una minoría del total de accidentes laborales; es inadmisible que el teléfono de violencia de género, el 016, solo atienda casos donde el agresor es un hombre y la víctima una mujer. Una ley de violencia debería considerar todos los casos posibles y líneas de emergencias como el 016 deberían ayudar a todas las víctimas; a todas. La discriminación de víctimas por sexo no es la única injusticia que introduce la LIVG. Esta ley también limita la presunción de inocencia del acusado y reduce las garantías de su defensa. Para cualquier delito, la presunción de inocencia se puede resumir en que uno es inocente mientras no se demuestre lo contrario. Sin esta presunción básica, las cárceles estarían llenas de inocentes, puesto que no sería necesaria prueba alguna para condenar, una denuncia falsa sería suficiente para convertirse en presidiario.


El aparato mediático que sustenta la ideología de género se empeña en negar esta violación de la presunción de inocencia, pero simplemente tenemos que revisar el Real Decreto Ley 9/2018, del 3 de agosto, que modifica la ley contra la violencia de género del 2004 para convencernos de cómo la inocencia de los acusados se ha eliminado. Como advierte Ana Clara Belío Pascual, presidenta de la Sección de Familia del Colegio de Abogados de Madrid, la modificación realizada el año pasado establece explícitamente que ciertas competencias que anteriormente eran exclusivas de la autoridad judicial, ahora son realizadas por los servicios sociales. En palabras llanas, un administrativo de un ayuntamiento puede privarte de libertad si acredita «una situación de violencia», saltándose todo el procedimiento judicial y sus correspondientes garantías procesales, incluyendo la presencia de un abogado que defienda tus intereses.


También podemos consultar los documentos oficiales de la Secretaría de Estado de Interior que contienen el Protocolo de Actuación y Coordinación de FCSE y Abogados Ante la Violencia de Género y verificar, por nosotros mismos, que no podemos encontrar una sola instancia de la palabra « presunto » , dando por hecho la culpabilidad de todos los hombres denunciados, hasta el punto de denominarlos «delincuentes » sin necesidad de sentencia firme condenatoria. Por supuesto a la denunciante siempre se la define como « víctima » y nunca como presunta víctima en los mismos documentos.


Esta limitación de la presunción de inocencia y de las garantías de defensa también pueden resultar determinantes en procesos judiciales paralelos; así pues, una denuncia por violencia de género puede ser utilizada, sin necesidad de condena, para excluir a los varones de la custodia compartida de sus hijos durante una demanda de divorcio. Ya son multitud los casos de hombres afectados por tales injusticias. Una mujer, por cualquier causa (celos, custodia, económicos, etcétera) acusa a su pareja masculina por agresión o por violencia psicológica y el hombre es detenido sin necesidad de prueba alguna, ingresando en un calabozo. Si la detención se produce un viernes, permanecerá allí encerrado hasta el lunes cuando pase a disposición judicial. Mientras tanto, la mujer puede incluso haber cambiado la cerradura del domicilio familiar.


Existen sucesos documentados donde los vecinos y vecinas de un hombre denunciado por violencia de género han salido en su defensa al momento de producirse la detención; estos mismos vecinos han comunicado a la policía que las acusaciones son falsas y que la maltratadora es ella. Son testigos presenciales de cómo esa mujer maltrata a su pareja, ¡pero no sirve de nada! El hombre es esposado y conducido a dependencias policiales.


La indefensión de los varones no acaba en la etapa de arresto, sino que continúa durante toda la actuación procesal, como nos recuerda la abogada Yobana Carril, ahora especializada en violencia de género: «Cuando una mujer denuncia a un hombre por violencia de género no necesita tener pruebas, ni siquiera indicios, solo con que no se contradiga en su declaración policial y en su declaración judicial es suficiente para que un hombre resulte condenado». La situación de desamparo generada por esta injusta ley es bien conocida en los despachos de abogados, siendo ya famosa la expresión «o me das ‘X’ o te denuncio por violencia de género» .


Por si esto no fuese suficiente, declaraciones irresponsables y anticonstitucionales como las realizadas por la socialista Carmen Calvo no hacen sino acentuar el problema: «Proteger la libertad sexual de las mujeres implica aceptar la verdad de lo que dicen Las mujeres tienen que ser creídas sí o sí, como en cualquier otro tipo de delito. Las víctimas deben contar con la solidaridad del Estado». ¿Las mujeres tienen que ser creídas sí o sí y los hombres no? ¿Dónde queda la presunción de inocencia?¿Y la obligación procesal de aportar pruebas cuando acusas a alguien? ¿Qué le sucedió al derecho a la defensa ante denuncias falsas? En efecto, descubriremos en el próximo capítulo que el número de denuncias falsas por violencia de género es tan elevado que el gobierno tiene que maquillar las estadísticas para ocultar la magnitud del problema.


Terminamos este capítulo recordando que la LIVG no solo ha eliminado derechos fundamentales de la mitad de la población, sino que discrimina a las mujeres lesbianas que sufren maltrato al excluirlas de la ley, de igual modo que se excluye a los hombres maltratados. «Igualdad» lo llaman desde el feminismo actual, pero la LIVG no es sino una ley construida sobre mentiras, y con las reveladas en este capítulo ya llevamos catorce.


Las pruebas de acceso.

 

El feminismo actual defiende un sistema de privilegios y bonificaciones para que las mujeres puedan acceder a determinados puestos de trabajo tales como bomberos, policías, guardia civil o ejército.


Comprobaremos cómo el feminismo actual no busca la igualdad entre hombres y mujeres cuando solicita cambios en las pruebas de acceso a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Nos encontraremos, pues, con otra colección de mentiras. En algunos procesos de selección las mujeres reciben, simplemente por el mero hecho de ser mujer, hasta un 20 % extra en la puntuación global. Esto significa que un hombre necesita rendir un 20 % más en las pruebas para poder competir en igualdad de condiciones con sus compañeras.

 

El pretexto de las ideólogas y activistas neofeministas para justificar ese trato desigual en favor de las candidatas es que existen diferencias biológicas entre hombres y mujeres y, por tanto, ciertas pruebas físicas resultarían inaccesibles para muchas candidatas. Hagamos una pausa para reflexionar sobre esa excusa, ¿no es éste el mismo feminismo radical que ha estado negando la existencia de diferencias biológicas significativas y su papel clave en los roles sexuales o de género?

 

Efectivamente, puesto que han estado defendiendo en las últimas décadas que: «Las diferencias entre hombres y mujeres han sido construidas socialmente por la moral patriarcal y no se basan en aspectos biológicos». Lo cual es una mentira construida sobre un negacionismo fanático de la biología del cuerpo humano. Hombres y mujeres, en general, tenemos habilidades diferentes; así lo han querido la naturaleza y la evolución. Lo interesante aquí es que después de muchos años negando la ciencia de la vida, de repente, el feminismo actual reconoce la existencia de algunas diferencias biológicas y utiliza estas diferencias para solicitar privilegios en las pruebas de acceso a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Esto no es sino una muestra más de la extraordinaria hipocresía que subyace a este movimiento.

 

Desde la ideología de género se argumenta que los hombres generalmente consiguen mejores registros que las mujeres en disciplinas deportivas, y que esta diferencia empírica debería tenerse en cuenta a la hora de idear las pruebas físicas de acceso a ciertos colectivos como policías, bomberos o guardias civiles. Es lo que sucede con las pruebas para acceder a una plaza de bombero, donde a las féminas se les exige desde un 11 % hasta un 71 % menos

 

Los hombres deben correr 200 metros en menos de 30 segundos y las mujeres en menos de 35 segundos.

• Los hombres deben correr 1.500 metros como mínimo en 5 minutos y 31 segundos, a las mujeres se les da un minuto más de margen.

• En salto de longitud con los pies juntos, los hombres deben alcanzar al menos 90 centímetros y las mujeres 75 centímetros.

• Los hombres deben subir a brazo 5 metros por una cuerda en, al menos, 14,1 segundos y las mujeres en 24,1 segundos.

• Los hombres deben levantar tres veces consecutivas desde el suelo por encima de su cabeza 44 kilogramos y las mujeres 30 kilogramos.

• Nadando 50 metros en estilo libre, los hombres deben hacer un tiempo mínimo de 47,1segundos y las mujeres de 52,1 segundos.

• Atravesar corriendo un tablón de 5 metros de longitud y 12 centímetros de ancho, colocado a un metro de altura y saltar. A los hombres se les pide saltar al menos 2,25 metros y a las mujeres 1,75 metros.

 

No solo es insultante para las propias mujeres que la sociedad sea más condescendiente con el sexo femenino, como si las mujeres necesitasen bonificaciones para superar retos, sino que es irresponsable que se permita acceder a una plaza de bombero a mujeres que no han sido capaces de superar las mismas pruebas que un hombre, ya que esto significa que no pueden realizar las mismas tareas.

 

Desde el feminismo actual se defienden alegando que estos son «trabajos en equipo» y, por tanto, un bombero más fuerte o más rápido podría llevar a cabo esas tareas. Hay dos argumentos contra esa excusa. El primero es ¿qué sucedería en el caso en el que la bombera se encuentre aislada y no pueda recibir ayuda de un compañero varón más capacitado físicamente? No es tan difícil imaginar una situación así: en medio de un incendio se produce un colapso parcial de una estructura y dos de tus compañeros quedan heridos y atrapados bajo unas vigas y cascotes, con el acceso cortado a donde os encontráis los tres debido al derrumbe. ¿Acaso durante un incendio, cuando el fuego vea que el bombero es mujer, bajará su intensidad para adaptarse a los dogmas del feminismo actual? Ironías aparte, el propio colectivo de bomberos, es decir las personas que se están jugando la vida en el desarrollo de su trabajo, han criticado duramente esta ideología absurda y aseguran que «si una mujer tiene que hacer el mismo trabajo que un hombre» es importante que las cualidades físicas sean parecidas, sobre todo para evitar «problemas de seguridad». Los bomberos profesionales no son los únicos que han detectado los problemas de seguridad que genera el modelo feminista de cuotas. Estoy seguro que todos mis lectores estarán de acuerdo conmigo en que si nuestras vidas corriesen peligro atrapados en un incendio, preferiríamos que acudiese a socorrernos el profesional más rápido y fuerte disponible y no uno que consiguió el puesto gracias a bonificaciones ideológicas.

 

Efectivamente, ¿por qué no hacer que hombres y mujeres tengan que superar las mismas pruebas? Que compitan todos los aspirantes en igualdad de oportunidades y que solo los mejores de cada promoción accedan a los puestos, independientemente de su sexo. Es de sentido común, los incendios no hacen distinción por raza, sexo o creencias religiosas. El segundo argumento contra la excusa feminista sería el siguiente: ¿por qué las mismas feministas no aplican su pretexto del trabajo en equipo a los varones también? Un varón que no hubiese superado las pruebas exigidas para acceder a una plaza de bombero podría, según sus discursos, solicitar ayuda de algún compañero o compañera físicamente más capacitado que él. ¿Alguna vez hemos escuchado desde el feminismo actual solicitar que puedan acceder a puestos de bombero todos los hombres que no hayan superado las pruebas exigidas a los varones? Yo nunca lo he escuchado.

 

Obviamente el sistema feminista de pruebas de acceso está discriminando al varón. Es muy fácil comprobarlo. Considera dos aspirantes a bombero, una mujer y un hombre, ambos con similar inteligencia, altura y fuerza. Los dos realizan marcas similares en las pruebas físicas, pero la mujer pasa la criba mientras el hombre se queda fuera porque le exigen un rendimiento entre un 11 % y un 71 % superior que a ella. ¿Acaso no es injusto? ¿Qué sucedió con el discurso de igualdad?

 

De hecho, la discriminación es doble, porque esas mujeres que han accedido a la plaza de bombero pasando unas pruebas más fáciles, sin embargo, van a cobrar exactamente el mismo sueldo que sus compañeros varones. ¿No van a poder desempeñar las mismas tareas físicas porque no rinden igual que sus compañeros (si lo hiciesen podrían pasar las mismas pruebas que ellos) pero van a cobrar el mismo sueldo? Discriminación para acceder al cuerpo y discriminación una vez dentro.

 

Analicémoslo todo desde la perspectiva opuesta: supongamos que para acceder a una plaza de bombero las mujeres aspirantes tuviesen que superar pruebas más difíciles que los hombres. ¿No lo consideraríamos discriminación? ¿No estarían los colectivos feministas manifestándose diariamente por la falta de igualdad? ¿No se denunciaría esta injusticia en los medios de comunicación?

 

Encontramos los mismos tipos de discriminación hembrista en las pruebas de acceso a los cuerpos de guardia civil o policía nacional. Así la altura mínima exigida a las mujeres que opten a ser policía es de 1,60 metros, mientras a los hombres se les exige 1,65 metros; o mientras al hombre se le exigen dominadas en las pruebas físicas, a las mujeres se les exige suspensión en barra. Tan solo nos queda esperar que a partir de ahora los ladrones sean solidarios y también se amolden a la ideología de género, reduciendo su velocidad a la hora de huir cuando les persiga una mujer policía.

 

Por si toda esta discriminación de marcas, puntuaciones y alturas no fuese suficiente, nuestros políticos están considerando nuevas formas de exclusión. La entonces activista y ahora alcaldesa Ada Colau acaba de anunciar que modificará las pruebas de acceso al cuerpo de bomberos en Barcelona para que, en caso de un empate entre un hombre y una mujer, la plaza se adjudique a la mujer automáticamente. Esto es lo que feministas como Colau entienden por «igualdad » .
















Tomado de:

GONZÁLEZ ÁLVAREZ, Juan (2019): Veinte mentiras del feminismo actual. E-book, publicación independiente.