04 agosto 2015

Entramos al futuro retrocediendo. Marshall Mc Luhan




Entramos al futuro retrocediendo

Marshall Mc Luhan


Hay un mundo de diferencia entre al aula y el ambiente de información eléctrica integrada del hogar moderno. Al niño televidente de hoy se lo afina con el diapasón de las noticias "adultas" al minuto: inflación, disturbios, guerra, impuestos, delincuencia, beldades en traje de baño, y queda perplejo cuando ingresa al ambiente del siglo XIX que caracteriza todavía al sistema educacional, con información escasa pero ordenada y estructurada por patrones, temas y programas fragmentados y clasificados. Se trata, naturalmente, de un ambiente semejante al de cualquier fábrica, con sus inventarios y líneas de montaje.

El "niño" fue un invento del siglo XVII, no existía, digamos, en los tiempos de Shakespeare. Hasta entonces, estaba fundido en el mundo adulto y no había nada que pudiera llamarse infancia en el sentido que nosotros damos a la palabra. El niño de hoy está creciendo absurdo, porque vive en dos mundos y ninguno de ellos lo impulsa a crecer. Crecer, esta es nuestra nueva tarea y ella es total. La mera instrucción no basta. 

El público, en el sentido de gran consenso de puntos de vista separados y distintos, se ha acabado. Hoy, la audiencia masiva masiva (sucesora del "público") puede ser usada como una fuerza creadora, participante. En cambio, se le arrojan, simplemente, fardos indiscriminados de entretenimiento pasivo. La política ofrece respuestas de ayer a preguntas de hoy.

¡El shock del reconocimiento! en un ambiente de información eléctrico, los grupos minoritarios ya no pueden ser contenidos ni ignorados. Demasiadas personas saben demasiado las unas sobras las otras. Nuestro nuevo ambiente obliga al compromiso y a la participación. Cada uno de nosotros está ahora irrrevocablemente envuelto en la vida de los demás, y es responsable de ellos. 


El libro es una extensión del ojo


Los medios, al modificar el ambiente,suscitan en nosotros percepciones sensoriales de proporciones únicas. La prolongación de cualquier sentido modifica nuestra manera de pensar y de actuar- nuestra manera de percibir el mundo. Cuando esas proporciones cambian, los hombres cambian.

El nuestro es un mundo flamante de repentineidad. El "tiempo" ha cesado, el "espacio" se ha esfumado. Ahora, vivimos en una aldea global... un suceder simultáneo. Hemos vuelto al espacio acústico. Hemos comenzado a reestructurar el sentimiento primordial, las emociones tribales de las cuales nos divorciaron varios siglos de alfabetismo. Hemos tenido que desviar el peso de nuestra atención, de la acción a la reacción. Ahora debemos conoce de antemano las consecuencias de toda política de acción, ya que experimentamos sus resultados sin demora.

Con las altas velocidades de la comunicación eléctrica, ya no son posibles los medios puramente visuales de captar el mundo: son demasiado lentos para ser relevantes o eficaces. Por desgracia, afrontamos esta nueva situación con una enorme reserva de reacciones mentales y psicológicamente anticuadas. Nos ha dejado balanceándonos. Nuestras palabras y pensamientos más solemnes nos traicionan: nos remiten sólo al pasado, no al presente.

La televisión completa el ciclo del sensorio humano. Con el omnipresente oído y el ojo móvil, hemos abolido la escritura, la especializada metáfora acústica-visual que estableció la dinámica de la civilización occidental. En la televisión se prolonga el tacto auditivo, exploratorio, que implica a todos los sentidos simultáneamente, más que el de la vista por sí solo. Uno tiende a estar "con" eso. Pero en los fenómenos eléctricos, lo visual apenas es un componente de una compleja interacción. como en la era de la información la mayoría de las relaciones se dirigen eléctricamente, la tecnología eléctrica ha significado para el hombre de Occidente una considerable merma del componente visual de su experiencia, y un aumento correlativo de la actividad de sus demás sentidos. La televisión exige participación e implicación en profundidad de todo el ser. No funciona como un segundo plano. Nos compromete. Quizá sea por eso que tanta gente considera amenazada su identidad. 

El pasado se fue por ese camino. cuando enfrentamos una situación totalmente nueva, tendemos siempre a adherirnos a los objetos, al sabor del pasado más reciente. Miramos el presente en un espejo retrovisor. entramos en el futuro retrocediendo. El suburbio vive imaginativamente en una tierra de bonanza. 


















Tomado de:
MC LUHAN, Marshall y FIORE, Quentin (1997 [1967]): El medio es el masaje. Un inventario de efectos. Barcelona, Paidós.
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