28 septiembre 2012

Introducción a la poética. Paul Valéry




Introducción a la poética

Paul Valéry


Una historia profundizada de la Literatura debería ser comprendida, no tanto como una historia de los autores y los accidentes de su carrera o de sus obras, sino como una Historia del espíritu en tanto que produce o absorbe "literatura" y esa Historia podría llegar a ser hecha sin que ni siquiera el nombre de un escritor fuera mencionado. Se puede estudiar la forma poética del libro de Job o la del Cantar de los Cantares, sin la menor intervención de la biografía de sus autores, que son totalmente desconocidos.


Pero una Historia de este tipo supone o exige, a título de preámbulo o de preparación, un estudio que tuviera por objeto formar una idea tan exacta como posible de las condiciones de existencia y de desarrollo de la literatura, un análisis de los modos de acción de ese arte, de sus medios y de la diversidad de sus formas. No se podría concebir que la Historia de la Pintura, o de las Matemáticas (por ejemplo) no estuviesen precedidas por un conocimiento sumamente profundizado por esas disciplinas y de sus técnicas propias. Pero la literatura, debido a su facilidad aparente de producción (puesto que ella tiene por sustancia y por instrumento el lenguaje de todos, y que no combina sino ideas no especialmente elaboradas), parece poder prescindir, para ser practicada y gustada, de toda preparación particular. No se discute que esa preparación puede parecer descuidable: es la opinión común, según la cual una pluma y una hojas de papel, agregándoles algún don natural, hacen un escritor.


La literatura es y no puede ser otra cosa que una suerte de extensión y de aplicación de ciertas propiedades del lenguaje.


Ella utiliza, por ejemplo, para sus fines, las propiedades fónicas y las posibilidades rítmicas del habla, que el discurso ordinario descuida; hasta las clasifica, las organiza y hace de ellas a veces un empleo sistemático, estrictamente definido. Llega también a desarrollar los efectos que pueden producir las reconciliaciones de palabras, sus contrastes, y a crear contracciones, o usar sustituciones que exciten el espíritu al producir representaciones más vivas que las que le bastan al escuchar el lenguaje común. Ese es el dominio de las "figuras", que preocupaba a la antigua Retórica, y que está hoy casi abandonado por la enseñanza. Este abandono es lamentable. La formación de figuras es indivisible de la del lenguaje mismo, en el cual todas las palabras abstractas, son obtenidas por algún abuso o algún traspaso de significación, seguido de un olvido, en sentido primitivo. El poeta que multiplica las figuras no hace pues más que reencontrar en sí mismo el lenguaje en estado naciente. Por otra parte, considerando las cosas desde muy arriba, ¿no puede considerarse al lenguaje mismo como una obra maestra de las obras maestras literarias, puesto que toda creación en este orden se reduce a una combinación de las potencias de un vocabulario dado según formas instituidas de una vez por todas?


En suma, el estudio del que hablamos tendría por objeto precisar y desarrollar la búsqueda de los efectos propiamente literarios del lenguaje, el examen de las invenciones expresivas y sugestivas que han sido hechas para acrecentar el poder y la penetración de la palabra, y el de las restricciones que se han impuesto a veces como vistas a distinguir bien la lengua de la ficción de la de uso, etc.


El arte literario, derivado del lenguaje, y del cual el lenguaje, a su vez, se resiente, es pues, entre las artes, aquel en el que la convención desempeña el mayor papel; aquel en el que la memoria interviene a cada instante, por cada palabra; aquel que actúa sobre todo por sustitución, y no por la sensación directa, y que pone en juego simultáneamente, y aún competitivamente, las facultades intelectuales abstractas y las propiedades emotivas y sensitivas. Es, en todas las artes, aquel que abarca y utiliza el número más grande de partes independientes (sonido, sentido, formas sintácticas, conceptos, imágenes) Su estudio así concebido es evidentemente los más difíciles de dirigir, y sobre todo de ordenar , porque no es en el fondo más que un análisis del espíritu orientado hacia una intención particular, y porque no hay orden en el espíritu mismo: lo encuentra o lo pone en las cosas: no encuentra en sí mismo un orden sino que se le imponga y trueque en fecundidad su "desorden" incesantemente renovado.


Pero la Poética se propondría mucho menos resolver los problemas que enunciarlos. Su enseñanza no se separaría de la indagación misma, como debe hacerse en toda enseñanza superior, y debería ser abordada y mantenida con espíritu de muy grande generalidad. Es imposible, en efecto dar a la literatura una idea suficientemente compleja y verdadera si no se explora, para situarla bastante exactamente, todo el campo de la expresión de las ideas y de las emociones, si no se examinan sus condiciones de existencia alternativamente en el íntimo trabajo de un autor y en la íntima reacción de un lector, y si no se consideran, por otra parte, los medios culturales donde ella se desarrolla. Esta última consideración conduce (entre otros resultados) a una importante distinción: la de las obras que son como creadas por su público (del cual colman la expectación y son así casi determinadas por el conocimiento de ésta) y las obras que por el contrario, tienden a crear su público







Tomado de:
VALÉRY, Paul (1937): "Introducción a la poética". En: La enseñanza de la poética en el Colegio de Francia, Bs. As. Rodolfo Alonso Editor, 1975.