12 junio 2012

Intervenir en el habla de que nos habla. Marcelo Percia



Intervenir en el habla que nos habla



Entrevista a Marcelo Percia






-¿El psicoanálisis puede ser un modo de consuelo de un insuperable malestar en la cultura?

-El malestar insuperable es la inevitabilidad de la muerte. La vida misma puede considerarse como consuelo o descanso ante lo irremediable. Tal vez el psicoanálisis consuela, o nos compensa, con la idea de que tenemos un mundo, una vida interesante, incluso importante que decir aunque no lo sepamos. El consuelo en un teatro épico en el que, si bien no somos inmortales, somos únicos y a veces heroicos protagonistas de deseos y torrentes pasionales. El personaje no individual ni interior de esa máquina de relatar que se llamó inconsciente podría pensarse como la maravillosa compensación de la subjetividad.

-¿El psicoanálisis prosigue o rompe con la confesión religiosa?

-Los riesgos del psicoanálisis como sacerdota y el psicoanálisis como confesión fueron sugeridas tanto por Faucault como por Deleuze. Creo sin embargo, que el psicoanálisis trata de localizar entre la confesión y la confidencia, la experiencia de soledad. Si la confidencia llama a compartir un secreto, la confesión a liberar un culpa; si la confidencia es intimidad entre semejantes, la confesión solicitud entre desiguales; si la confidencia se da, la confesión se arranca o se entrega; si la confidencia provoca simpatía, la confesión, sanción o perdón. El psicoanálisis propicia otra cosa: la experiencia de la soledad.

-¿Para qué psicoanalizarse? ¿Hay tanta necesidad de autoconocimiento?

-El espacio analítico es un artificio para que haga la su aparición es que gobierna nuestras vidas. Es una suspensión que precipita las voces que instituyen nuestros deseos o temores. Son muchas las razones por las que alguien elige analizarse. Tal vez sea querer decidir algo en medio de una vida casi toda decidida. Decidida por los ensambles biográficos que nos han tocado. Momento en el que alguien intenta hacerse sujeto de una decisión que, como se dice, cambia su vida. El autoconocimiento se emparenta con el buceo interior, la sinceridad, la confesión. O con el descubrimiento de una verdad propia esencial.  Desconocerse no significa ignorarse o negarse, sino dejarse sorprender  ante potencias que buscan abrirse paso por la vida. Puede ser la potencia de una ira o del amor. El desconocerse implica algo como: “Nunca imaginé que podía estar así”.”No puedo creer lo que me está pasando”.”Me transformé: éste no parezco yo”. En este sentido el psicoanálisis es una experiencia de desconocimiento: desconocerse como práctica no excepcional del salirse de sí.

-¿Qué ha implicado que el psicoanálisis se convirtiera en una institución? ¿Es una práctica clínica profesional más?

-El psicoanálisis interesa como movimiento intelectual critico del siglo XX y como posicionamiento  clínico que sostiene que, en ciertas condiciones, la palabra puede sanar. ¿Qué condiciones son las de esa palabra que sana? Eso siempre es algo que está por verse. En el contexto de su ubicación entre las profesiones liberales y las relaciones con el dinero, se podría decir que el psicoanálisis es una práctica clínica profesional más; pero desde la perspectiva de su vocación por el pensamiento no. El porvenir del psicoanálisis es el de la palabra en la civilización humana venidera. El psicoanálisis transporta el deseo de intervenir en el habla que nos habla. En nuestro país, asistimos, además, a invenciones de espacios para la palabra clínica en lugares que desconciertan a la solemnidad profesional por lo inesperados. 

-¿Y qué puede hacer el psicoanálisis ante el dolor y el sufrimiento?

-El dolor es inevitable, mientras que el sufrimiento es innecesario. Muchos sufrimientos cautivan al deseo, seducen al alma, abrazan los cuerpos. Es inevitable dolerse por la enfermedad, la muerte, el desamor, pero es innecesario volvernos esclavos de esos dolores. El sufrimiento goza de la autocompasión.

-¿Se pueden reconocer vínculos entre el sistema en el que vivimos, el capitalismo y la angustia?

-Si la angustia no se confunde con la insatisfacción, frustración o ansiedad por no alcanzar o no estar a la altura de las metas de felicidad que difunde la sociedad, la angustia posibilita desconocernos, es decir, ir más allá de los límites de la historia personal. La angustia, si no queda capturada por la neurosis, es potencia que cuestiona lo que gobierna nuestra existencia. LA angustia desbarata la obsesión de dominio sobre la propia vida o la vida de los otros. La angustia no sale de compras, de la angustia se sale –si se sale- desconociéndose. A su manera, la angustia repone en la vida humana la cuestión de la potencia fuera de las relaciones de poder propias de de la sociedad capitalista. Niezsche advertía que para algunos el dominio de otro como propiedad era una prueba anhelada de poder. Pensaba que, en cambio, la potencia de existir aumentaba lejos de los abusos de la posesión. El psicoanálisis trata de alojar la pregunta de la angustia: ¿cómo vivir nuestra soledad, próximos a otros y fuera de las lógicas de poder? Tal vez las experiencias de la angustia y de la muerte igualan a las criaturas humanas más allá de las desigualdades e injusticias del capitalismo.

-¿Se puede vivir sin el otro que piense en uno?

-Subjetividad es la experiencia de que otro me piense o piense en mí. El otro puede asumir la figura de la lengua, de la moral, de la publicidad. El otro puede encarnarse en el más cercano, en el más lejano, en el ausente, en el verdugo o en el psicoanalista. El otro puede ser alucinado, inventado o fantaseado. Se puede sobrevivir sin otro que piense en uno que porque el otro sobrevive en uno. Ser pensado por otro en la experiencia del don y la captura amorosa: eso que nos piensa instala una posibilidad y una limitación. En el umbral de esa tensión sobreviene silencio, soledad, angustia.

-Le hago una pregunta que usted hizo recién: ¿Cómo vivir nuestra soledad estando próximos a otros y fuera de las lógicas de poder que la sociedad instala?

-Sabiendo que lo que poseemos nos posee; lo que creemos dominar, nos domina; lo que gobernamos, nos gobierna. Creo que hay que aceptar que vivir es residir, por un tiempo, en un mundo que no poseemos. Vivir es habitar durante una temporada cuerpos que no gobernamos, que estallan en potencias que se cansan, que duelen, que envejecen. Vivir es hacer el amor desposeídos, abrazados a cuerpos que no nos pertenecen. Vivir es hablar y pensar en una lengua que recibimos de otros. Entonces no se trata de poseer o no poseer una historia, sino de saber que habitamos lo que no nos pertenece. El habitante se aposenta, por momentos, en una historia sobre la que decide poco. Aunque con ese poco que decide, logra lo inolvidable de su vida.







Tomado de:
MARTYNIUK, Claudio: “El psicoanálisis consuela con idea de que tenemos una vida interesante”. Entrevista a Marcelo Percia. En Diario Clarín, 10/06/12, pp.38,39.