11 agosto 2013

El simbolismo del sexo. J. C. Cooper





El simbolismo del sexo

J. C. Cooper



La función sexual del cuerpo ha perdido lo poco de mito y simbolismo que tuvo alguna vez en Occidente; por lo tanto, ha pasado a ser una preocupación puramente física, y frecuentemente patológica, en una sociedad que ya no tiene conciencia de su verdadero significado y, por consiguiente, la encara como un simple apetito físico o un mecanismo de evasión. El predominio de la pornografía y de una literatura y un arte obsesionados por el sexo es un signo suficientemente claro de una mente enferma en un cuerpo enfermo, en contraposición al ideal de mens sana in corpore sano.


El sexo fue implacablemente reprimido por el cristianismo en Occidente; su simbolismo no fue comprendido y perdió su carácter de mito, convirtiéndose en algo desenfrenado, desequilibrado y antinatural que se volvió como un boomerang contra quienes abusaban de él. Las culturas orientales, más equilibradas y menos inhibidas, no permitieron nunca que el cuerpo se divorciara del espíritu, y el simbolismo del sexo desempeñó su legítimo papel, tanto en la religión, como en la vida de todos los días. En el hinduismo, el linga o falo y la yoni o matriz, es decir, los principios masculino y femenino, no sólo representan las funciones y la unión de los dos sexos como fuerza física, sino también la creación cósmica, la renovación de la vida, los poderes activos y pasivos del universo. En el yoga tántrico, los dos sexos desempeñan un papel en la unión que conduce al equilibrio perfecto y a la inmersión del yo inferior en el yo superior, el Uno esencial.


En estas tradiciones, el simbolismo del sexo no es una máscara del erotismo, puesto que la religión ocupa un lugar fundamental y lo controla todo: la unión corporal ejemplifica la unión del alma con el poder divino.


La perfección de esta unión da lugar nuevamente al simbolismo del yin-yang: en efecto, aunque su prodigio va mucho más allá del sexo, es sin embargo, en ese nivel, la mejor expresión posible. El yin y el yang, también conocidos como Tien y Ti, el Cielo y la Tierra, los Dos Poderes de la Naturaleza, son las grandes fuerzas que operan en el universo: el equilibrio y la unidad absolutos, ligados en el círculo de la perfección, interactúan eternamente uno sobre el otro. Aquí vuelve a ser pertinente el simbolismo del "juego" de las fuerzas creadoras. Ningún poder es completo en sí mismo: solo a través del "Juego mutuo", de la acción recíproca, generan la unidad armoniosa y total. El diagrama del yin-yang revela también que cada sexo encierra en sí el germen del otro


El simbolismo del sexo, perdido en Occidente, fue encarnado anteriormente por la alquimia en el conjuntio, la unión del azufre y el mercurio, del rey y la reina, del oro y la plata, del sol y la luna, que dio origen al Andrógino y devolvió así al ser humano la perfección primordial y la totalidad.


Este simbolismo del sexo es personificado por la cabeza de dos caras del Rey-Reina, y en Oriente por la figura mitad masculina-mitad femenina del shakta-shakti, que también simboliza la unión e interacción de la fuerza ciega del varón y la sutil intuición de la mujer, de la acción y la reacción y, en realidad, de todas las fuerzas opuestas y complementarias del universo.


Otros símbolos de unión son: el círculo completo, dos círculos entrelazados, dos triángulos entrelazados cuyos vértices apuntan hacia arriba y hacia abajo, dos árboles con las ramas entrelazadas, dos pájaros unidos por dos de sus alas y, por supuesto, todo lo que constituye un par, por ejemplo, el rey y la reina, el sol y la luna, el cielo y la tierra, etcétera.







Tomado de:
COOPER, J. C.: El Simbolismo. Lenguaje universal, p.94,95.
.